Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

'Libre, libre, quiero ser' de José Mª Amigo Zamorano

por MarPita
sábado, 15 de noviembre del 2008 a las 19:55
guardado en

Por José Mª Amigo Zamorano

No había dado ni quince pasos, después de hablar con el joven obrero, cuando llegó hasta sus oídos un sonido que no era ni palabra (aunque creyó oír articular palabras), ni cántico, ni silbido, siendo todos esos conceptos a la vez con el añadido de una notable mezcla de alegría desbordante y nostálgica rebeldía. O eso creyó él.
Miró hacia atrás, en la dirección donde trabajaba el obrero con el que acababa de intercambiar unas pocas palabras. Estando seguro de que el origen del sonido no estaba allí. Lo pensaba porque le había parecido un ser sumiso y obediente. Nada proclive a veleidades contestatarias. Cosa que a él, precisamente a él, le hubiera gustado, estando, como estaba, muy a menudo, soñando con movimientos revolucionarios de masas obreras que se levantaban en oleada imparable, dando al traste con este sistema capitalista del que periódicamente surgen crisis, como en la que estamos ahora inmersos, que lanzan al paro, a la pobreza, incluso al hambre, a millones de personas.
El obrero seguía subido en la máquina haciendo zanjas. Era un trabajador polivalente: zanjero, cableador, hormigonero... un esclavo valioso al que, aún, no había echado del curro.
Siguió su derrota andariega... Nunca mejor dicho 'derrota... Hacía años que caminaba derrotado, vencido... Ningún sueño de libertad por el que luchó llegó a materializarse. De modo, que su derrotero iba en consonancia con su derrota.
Si bien, en ese momento, precisamente en ese, su cuerpo flotaba en una nube vencedora recibiendo, con agradecimiento, un sol de otoño en día luminoso y cálido. Por doquier, verdeaba con color de esperanza el horizonte, la ladera del monte y el suelo. Una primavera anticipada o un verano en ciernes era un aviso de que la vida seguía a pesar de los pesares. Y mientras hay vida hay esperanza... por lo que se sentía henchido de gozo.
De nuevo llegó a sus oídos un sonido parecido al anterior. Más penetrante. Y otra vez creyó oír la palabra 'libre'; y como un silbido o tal vez alarido. Un latigazo precisado en la palabra 'cabrón'. Alga extraño Inquietante. Venía a romper día tan hermoso un insólito sonido. Sus oídos habían vuelto a captar ese sonido ni palabra, ni silbido, ni cántico pero poseedor de todas esas características. Decidido, caminó en la dirección de donde salían esas notas, muchas de ellas un tanto indefinidas. Tras doblar una esquina se sorprendió encontrándose delante de una finca que, siempre, había hallado cerrada a cal y canto, El Colmenar se rotulaba, pero que, ahora, en ese momento preciso, tenía abiertos sus anchos portalones. A un hombre, que después de dejar un mueble en el suelo cerca de un camión de mudanzas, entraba en la finca le preguntó si podía entrar también él a ver el jardín.

-Verá usted, es que, siempre siempre, he encontrado este lugar cerrado. Y me ha picado la curiosidad. Como si esta soledad fuera un misterio. Aquí hay busilis, me he dicho en algunas ocasiones... Mas si molesto...

El hombre se sujetó el cinto en el que llevaba, entre otras herramientas, una larga llave inglesa y lo miró sonriendo.

-Busilis... ¡Oh, no! Pase, pase. Miré lo que quiera. El amo no está... Vaciando la casona de muebles.

-¿Casona? No he visto nunca casa...

-Desde fuera no se ve. Pero hace años el amo construyó una mansión. Como un indiano cualquiera pero sin hacer alarde de riqueza. Y ahora perdóneme, pero tengo que seguir trabajando. Usted pasee y vea lo que quiera... Y si encuentra algo misterioso... me lo dice.

-Pues muchas gracias. ¡Ah! Y recuerde que estoy aquí... espero no me deje aquí encerrado y se vaya.

-No se preocupe. Le avisaremos.

El hombre siguió un sendero que se abría a su derecha. Iba a seguirlo, pero cambió de decisión y se adentró por una senda que avanzaba hacia la izquierda.
Pronto se dio cuenta de que el espacio adonde había entrado tenía algo especial y dejó la senda adentrándose entre la arboleda dejándose llevar por el albur. Caminaba y el ruido de sus pasos parecía adquirir volumen. Solo el murmullo de los pájaros en las copas de los árboles lo acallaba un poco. Sus pies pisaban un mullido de hojarasca acumulado durante años, como si jamás hubiese sido hollado por humanos. Tropezaba acá y allá con piñotas grandes a las que daba patadas por el placer de oir como se expandía el ruido y asustaba a los pajarillos. En un claro de este pequeño bosque encontró diseminados numerosos níscalos que dejaban asomar su anaranjado sombrero. Y al fondo, cerca de unas jaras, unos boletos que son, entre los hongos comestibles, de lo más exquisito al paladar. El hecho de estar ahí esos manjares eran muestras inequívocas de que pocas personas habían transitado por el lugar donde él andaba. Y para embellecer aun más el sitio multitud de florecillas de color lila y blanco, que son típicas del otoño, se dejaban ver.
¡Qué bien se estaba allí!
Lástima tener que abandonar este pequeño paraiso. Un lugar, pensaba, recoleto para aislarse del mundo y sus miserias... porque en cualquier momento le avisaría el señor que encontró a la entrada.
En esto estaba cavilando cuando oyó como una estampida o revoloteo fugaz de pájaros. Y un silencio absoluto. Y casi al mismo tiempo, insistiendo, más cerca, más rotundo, más cortante. Con unas palabras esta vez claras:

-¡Libre, libre quiero ser! ¡Cabrón!

Como dirigidos a alguien que lo retuviera a la fuerza.
Palabras, por otra parte, nada extrañas en estos momentos de crisis, donde todos... bueno... por lo menos la mayoría, nos hallamos atados a los poderes del Gran Capital. Eran palabras sin duda simbólicas. Aunque el lugar, todo hay que decirlo, no era el más apropiado para dar esos gritos, donde, por no haber, no había ni gente; y menos banqueros, empresarios, obispos, o generales... ¡Ni el amo estaba!, según el hombre que había sido tan amable dejándole atisbar ese rincón. Recordó unos versos irónicos de Neruda en su grandioso poema 'Canto general': 'Halló al valiente perorando en la calle desierta'. Palabras más o menos. De modo que, tal muestra de protesta o rebeldía en el desierto, era casi inutil.
Mas, con todo y con eso, echó a correr en post de la derrota que indicaba las voces. No podía permanecer quieto. Quizás fuera esta la ocasión que estaban esperando todos los caminantes revolucionarios del mundo para unirse.
Al poco rato, porque no era muy extensa la finca, se encontró, justo, delante de la entrada de la casa o casona o mansión del amo. De ella seguían sacando muebles unos trabajadores... ¡de raza negra!

-¡Negros! ¡Aquí hay busilis!, exclamó para si.

Y esa admiración le empujó a creer, como creyó a pies juntillas, que esos currantes estaban trabajando forzadamente. Tal que esclavos. Un pensamiento que no se desviaba mucho de una realidad, producto de la explotación del hombre por el hombre y que la avalancha de emigrantes ha incrementado, que habían denunciado inspectores de trabajo y sindicatos.
De modo que escondido tras el tronco de un árbol se quedó observando a la espera de sacar alguna conclusión para actuar en consecuencia.
Los hombres entraban y salían de la casa con muebles que llevaban, suponía, hasta el camión de las mudanzas. Hablaban poco. Sudaban mucho. Y si por un casual se tropezaban o estorbaban, intercambiaban alegremente unas palabras. Con esos detalles no podía concluir que... infelices, infelices... lo fueran mucho.

-¡N'Komo! ¿No sabes dónde está Pedrito? No lo encuentro. ¡Ah!... Sube a ayudarme a bajar la consola africana. ¡Enseguida!

Oyó que gritaban desde dentro de la casa. Por el timbre debía de ser el hombre blanco de la entrada...

-Eso tono imperioso no me gusta...

Un negro que llevaba una silla la dejó en el suelo y gritó a su vez yendo a la puerta de la casa:

-¡No! ¡No lo he visto¡ Pero no se enfade. Ya sabe que es muy rebelde. ¡Voy, voy!.

Poco después asomaba por la puerta con el hombre blanco llevando la consola.
Ya la estaban colocando en el suelo, cuando le sorprendió, estremeciéndolo, ese sonido tan familiar y tan extraño que le carcomía la moral. Advirtió que tenía algo alegre y una nota hueca que atribuyó al hecho, cierto, de que las voces, los sonidos, allí se amplificaban. Lo notó, él mismo, un rato antes, cuando sus pasos, al andar, adquirían una nota exótica llenando todo el espacio. Ese gritó tenía reminiscencias nostágicas y rebeldes...

-¡Libre, libre, quiero ser! ¡Cabrón!

Esas palabras le llegaron de todas las partes. Se tapó los oídos para no oírlas. Pero se le habían metido tan adentro del cerebro que no podía quitárselas de encima.
Los que posaban en la tierra el mueble ni se inmutaron o lo hicieron mínimamente. Extrañabale su insensibilidad al que se parapetaba tras el árbol. Estuvo a punto de irse por donde había venido. Oido lo que había oido. No debería meterse en líos. Y es que ese hombre con esa llave inglesa al cinto... inquieta. Ramalazo de cobardía que le duró un solo instante. Decide enfrentarse al misterio. Sale de detrás del refugio, e hinchando el pecho como un Quijote, se dirige hacia el blanco que se yergue del suelo diciéndole:

-¡Coño! ¿Ya de vuelta? ¿Ha visto lo que ha querido? ¿Le ha gustado?

-Si. Magnífico.

-Bueno, pues me alegro... mucho... porque estamos a punto de irnos.

-Una pregunta quisiera hacerle antes de que se fuera, si me lo permite...

-Pregunte usted. Si yo sé... le responderé con mucho gusto.

-¿No han oido algo fuera de lo común?

-No. ¿Por qué lo dice?

-¿De verdad no ha oido nada?... ¿Usted tampoco?...

-¿Qué teníamos que oir, señor?, le respondió el que al parecer se llamaba N'Komo.

-¡Joder! O... yo me estoy volviendo orate o... No. De loco nada de nada. He oído, bien clarito, quejarse a alguien y decir: 'Libre, libre, quiero ser' y 'cabrón'. Y como un grito prolongado. Como si protestara por algo...

Lo miraron con una faz alegre y sorprendida. Y de repente, mirándose entre ellos, se echaron a reír con ganas. Con verdaderas ganas. Tantas... que los otros trabajadores acudieron a ver qué pasaba.
Luego, el blanco que de la risa se había tornado rojo, ya calmado, le contestó:

-Es Pedrito que se ha escapado y anda gritando por ahí.

-Pero...

El hombre blanco, sacó la llave inglesa de la funda del cinto y alzándola con el puño en alto, gritó:

-¡Pedrito! ¡Ven aquí! ¡La papa, Pedrito! ¡Aquí!

Y de la rama de un árbol vino a posarse en la llave inglesa el loro del amo, el loro Pedrito. A comer la papa.

-¡Libre, libre, quiero ser! ¡Cabrón!

Mercedes Torréns Garmendía: cava hondo, hondo

por MarPita
sábado, 08 de noviembre del 2008 a las 17:17
guardado en

Verás un buen día

brota como seda,

el hilo del agua

de la entraña seca.

Mercedes Torréns Garmendía

Jonathan Houghton

por MarPita
miércoles, 05 de noviembre del 2008 a las 21:18
guardado en

...

¡Ser hombre, el mundo desconocido, la vida!

Después pasan treinta años,

y el niño regresa cansado de la vida,

y encuentra que ya no existe la huerta

y el bosque ha desaparecido

y la ccasa ha cambiado de dueño,

y la carretera polvorienta por los automóviles

-¡Y él también ansiando la colina!

Poesía Libre, nº 10

Nicaragua

(Ministerio de Cultura de la época sandinista)

Obama, esperanza sin sentido

por MarPita
martes, 04 de noviembre del 2008 a las 23:24
guardado en

Obama, espejismo insensato

Hoy eligen, en la USA, a Obama (D. Barak) O no. Eso... quién sabe. Pero ya lo están poniendo en los altares, presentándolo como motor de cambio y adalid para salir de la crisis. No dicen qué dirección va a tomar ese cambio, ni a quién va a salvar de la crisis.

Muchos, no obstante, como es negro, ven en él una especie de gladiador rebelde a punto de liderar a los esclavos del planeta. Un Espartaco en ciernes, un libertador en agraz. O simplemente un Kunta Kinte para uso y consumo local de los yanquis. En cualquier caso, alguien que les va a sacar las castañas del fuego. De ahí que están expectantes. Por eso su gran expectación. Y de ahí se sigue que sean como mirones esperando recibir el maná del salvador.

Y no. Nada indica que la realidad confirme sus deseos, que apoye sus sueños. Es negro, si. Pero... no tanto. Por supuesto, no ha llegado, tras una larga travesía, en cayuco. De familia acomodada, eso si, ha estudiado en buenos colegios. Y hasta ahora se le hecho el culo gaseosa yendo a saludar a las tropas mercenarias e invasoras de Irak y Afganistán; y hasta ha perdido el trasero, apoyando, con fervor, el plan de salvamento del Gran Capital a costa del erario público.

Eso por una parte.

Y por otra, nos atrevemos a decir que es una gran falacia eso de la rebeldía, los espartacos y los kunta kintes. Lo es hoy y lo ha sido siempre: no hay jefes, líderes, adalides, si no hay una masa dispuesta, decidida, arrojada, valiente, para plantarle cara a la vida, aun a riesgo de perderla en el intento.

Si se da esa masa, nace el líder, mana la protesta y brota la chispa que correrá e incendiará todo el orbe. Con las teas en la mano de todos, claro.

Entre los obreros del mundo, entre los trabajadores asalariados, entre los esclavos modernos (los que somos conscientes de ello y no hemos dejado arrumbada la conciencia de clase en un rincón) se sabe que es, con el concurso de todos, cuando se realiza el cambio. Lo hemos cantado en numerosas ocasiones:

'Ni en dioses, reyes, ni en tribunos está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor' (1).

De modo que pensar en esperanza de liberación fuera de nosotros mismos, es pensar en lo escusado, y nos expresamos aquí remedando a Cervantes.

Ese Obama que pintan es, en realidad, como decía Norman Mailer de Kennedy:

"el viejo pastel de manzana que sabe a rancio y a humedad, pero presentado en un nuevo envase y flamante -tiene un grabado en su tapa de celofán- que, según los estudios llevados a cabo sobre la motivación, es más efectivo que el de la antigua tapa para la difusión del pastel de manzana" (2).

Pero si resultara, como algunos lo sueñan, con veleidades de justicia, que no se le ve por parte alguna, lo matarían y... aquí paz y después gloria.

Con la consiguiente alegría de la Asociación Nazional del Rifle y otras organizaciones financieras.

Hay ejemplos de esos crímenes que... para qué nombrarlos.

----------
(1) Versos de La Internacional
(2) En 'Crónicas presidenciales'

Homenajeando a las víctimas del franquismo

por MarPita
sábado, 25 de octubre del 2008 a las 19:53
guardado en

Para la 'Antología poética vasca' de homenaje a las víctimas del franquismo el traductor Jon Arzallus Eguiguren tradujo un poemilla, 'Gernika', del libro 'Sorterriaren alde' (Donostia: Kriselu 1976) cuyo autor es el polígrafo bilbaino Alfonso Irigoyen. El citado poema debe de ser de los años 60.

Uri bat dago Bizkaian,

zauri bat dauka sustraian,

metrallaz bere metraillan

egiña suzko garaian.

__________

Hay una ciudad en Vizcaya

con el rostro ametrallado

y hasta la raiz herida

en una época de juego.

Realizó Tcham Bissa su V conferencia en Madrid

por MarPita
sábado, 18 de octubre del 2008 a las 21:28
guardado en

La noticia de este pasado fin de semana que no salió en los medios de comunicación fue la de la prohibición de una marcha de la comunidad negra en Madrid para el mismísimo día 12, fiesta nacional española. Al parecer, las instancias oficialistas dijeron que la fiesta del 12 celebra el "encuentro de dos mundos, no de tres". O sea, los negros sobran. No interesa recordar que la trata de esclavos hacia América la inició y legalizó España en el siglo XVI, ni que tal trafico humano, que duró unos 350 años, supuso la práctica desestructuración y arrasamiento de las poblaciones y las culturas del continente africano: 15 millones de muertos y entre 25 y 35 millones de desplazados a la fuerza, a punta de látigo y fusil, camino de las plantaciones de América. Tampoco resulta de buen gusto recordar que el desarrollo capitalista europeo y americano se debe, desde los inicios del XVI, al tráfico de esclavos negros y al sistema esclavista de producción.

En España, cabe recordar, entre otras muchas cosas, que los reyes de la Casa de Austria y de sus sucesores, los Borbones (todavía hoy vigentes) se beneficiaron enormemente de la trata en términos económicos; Isabel II, inclusive, fue dueña de 800 esclavos negros en Cuba.

La esclavitud fue la base de la acumulación primitiva de capital en nuestro continente. Y la envergadura sangrienta del sistema, al que cabría añadir, como prolongación natural, el sistema colonial moderno, a partir del XVIII y hasta mediados del XX, empequeñece cualquier desmán anterior o posterior, de la clase o signo político que fuere.

Fue, junto al genocidio indio del Sur, el Centro y, sobre todo el Norte de América, el auténtico holocausto histórico del occidente cristiano, jamás superado en brutalidad y continuidad, ni antes, ni después en la historia de la humanidad.

POR LA REPARACIÓN

El pasado 11 de octubre y para recordar todo esto, se celebró, casualmente sin la presencia de un solo periodista, ni de una sola cámara de T. V., en los locales de la UNED (Universidad Nacional a Distancia), en la calle Tribulete de Madrid, barrio de Lavapiés, la V Conferencia Internacional Panafricana Tcham Bissa, que reivindicó y exigió la reparación de los afrodescendientes de la esclavitud, y el reconocimiento del daño causado por las naciones occidentales y su petición de perdón...

La reparación es una reivindicación que parece molestar enormemente a los gobiernos de los países que fueron esclavistas y se dedicaron al tráfico humano en masa. Tony Blair, por ejemplo, cuando fue primer ministro, se negó a una petición de perdón y a una declaración de reparación, ya que "lo que hoy sería un crimen contra la humanidad, entonces era legal".

Bueno, señores, los judíos fueron exterminados en la Alemania nazi con las leyes nazis en la mano, todo fue legal. Franco fusiló con sus leyes y con los hábitos jurídicos de sus jueces, siempre con sus leyes correspondientes en la mano. Ser legal no es patente de corso para el asesinato. Una mayoría parlamentaria puede decidir abrir la puerta al crimen, mediante leyes que lo propicien, pero eso no hace legal el crimen, sino que hace perder legitimidad a esa mayoría parlamentaria. Claro que tal apreciación puede ser una sutileza sin valor para Blair y otros muchos capitostes de su calaña.

Sin embargo, los judíos del Holocausto nazi fueron indemnizados con muchos miles de millones de dólares.

Con los negros no ha pasado lo mismo. Aun más, cuando se abolió la esclavitud a lo largo del siglo XIX, los estados indemnizaron a los propietarios de los esclavos, a tanto por esclavo, pues se entendió que tales personas perdían una propiedad por culpa de una ley del Estado. Desde luego, a los negros libertos no se les dió nada, ni la mas mínima indemnización, ni trabajo, ni un trozo de tierra...

LA PROFESORA VERENE A. SHEPHERD


Entre las personalidades expertas en el tema que participaron en la jornada panafricana, queremos destacar la de la profesora jamaicana Verene A. Shepherd (en las fotos, durante su charla y saludando a un representante de la embajada de Bolivia en Madrid). Shepherd es catedrática de la University of the West Indies, Mona, de Jamaica y habló del movimiento por la Reparación y de la historia de la esclavitud en su país.

La esclavitud fue establecida en Jamaica por los españoles, en las plantaciones de caña de azúcar, producto que se había llevado desde la península. Pero fueron los ingleses quienes mayor número de esclavos llevaron a la isla. Entre 1660 y 1808 los británicos realizaron 3.429 viajes dedicados al comercio humano. Embarcaron en África 1.082.263 negros y desembarcaron en Jamaica 915.015. El resto, 167.248, murieron durante las travesías. Como caso específico, nos da una idea, bien que somera, de lo que aquello fue en toda América.

También se presentó en la jornada un documental sobre la presencia de los negros africanos y los afrodescendientes en España, realizado y presentado por Antumi Tousijé, del movimiento por la reparación; también pudimos escuchar al profesor Luis Beltrán, de la Universidad de Alcalá de Henares y uno de los africanistas más importantes de España; a la profesora cubana Gema Valle y a otros conferenciantes, incluidos los jóvenes de la Asociación Juvenil Panteras Negras, de Madrid y el saludo de un representante de la embajada boliviana.

Al día siguiente, 12 de octubre, fiesta nacional, no fuimos al desfile. Como dijo Rajoy, eso es "un coñazo". O la apología del nacionalismo, la prepotencia y la tergiversación histórica, como dice uno de mi barrio que ha leído mucho.

(tomado de: http://kevinvazquez.blogspot.com/

posted by Kevin Vázquez

(Las fotos son del blog citado)

Le llamaron moro de mierda

por MarPita
miércoles, 08 de octubre del 2008 a las 22:21
guardado en

(Tomado de: http://senocri.blogcindario.com/ que a la vez lo tomó de: http://ever-enen11.blogspot.com/)

con el título de 'Moro de zarzamora'.

Ilustración: busto de Toussaint Louverture, héroe y dirigente de la independencia de Haiti

Le llamaban 'El Moro'.  Se había ganado el mote año a año. Lo decimos porque, cuando las moras estaban en sazón, entre el ramaje espinoso de la zarzamora, se daba sus buenos y suculentos desayunos. Y como de lo que se come se cría, según el decir de las gentes,  se estaba volviendo su cara amoratada.   Cuando se jubiló su desayuno de moras fue casi a diario. Se levantaba y, tras beberse un bueno y larguísimo trago de la botella de la nevera, porque los días eran aun calurosos y regresaba del paseo ya muy entrada la hora del mediodía, tornaba al lavabo, se miraba en el espejo diciéndose en voz alta:
-Las moras me están transformando en moro de verdad.
Su hijo, en situación de parado a causa de la crisis, se sonreía. Él, al ver su sonrisa, hacía un ademán de decirle algo. Luego se arrepentía.
Así, prácticamente, eran todas las mañanas. Todas. Su rutina.
Y el que vamos a relatar no fue una excepción: después de quedarse para si con algo que quería decirle a su hijo, salió del water y se encaminó, pasillo adelente, a la salida de la casa.
-¡Adiós papá! -oye que le dice.
-Con dios, hijo, y... -responde sin terminar la frase iniciada- ¿Para qué gastar más saliva? No me va a escuchar, piensa.
Su intención se inclinada, eso si, a aconsejarle que no perdiera el tiempo en asuntos que, una mente madura, adulta, calificaría de banales, secundarios; por ejemplo: pasarse horas y horas, ante el ordenador, escuchando música, una sola clase de música para más inri, o enterándose de los grupos musicales que existían en el mundo y de las novedades de sus grupos favoritos. 
Eran aficiones, lo sabía, que toda la juventud ha sentido, pero que, con el paso del tiempo, se van atemperando al percibir, como lo perciben, unos más pronto y otros más tarde, que, la vida, es una cosa única y seria, que lo primero que hay que hacer es asegurarse el pan cotidiano ('Ganado tengo el pan, hágase el verso', decía José MartíGuiño y luego, más tarde, alimentar al espíritu. Estando el segundo encadenado al primero irremediablemente: sin una manutención asegurada el alma no puede recibir su ración con pleno aprovechamiento. Es mas, no está preparada en absoluto para ese deleite.
Pero, en el caso de su hijo, no se daba todavía ese florecimiento de la razón, del sentido común.
Y eso le torturaba.
Absorto en sus pensamientos se tropezó con una señora a la que pidió perdón.
-¡Moro de mierda! -le regaló al oido la señora.
Tan corrido se quedó con las palabras de la individua que no supo que contestarle. Disgustado, aun más de lo que ya estaba, por esa contestación tan grosera de la mujer que, más que otra cosa, pareciole un rebuzno, se alejó con prisa hacia el campo donde las burras pastaban entre estornudos, los cuales en comparación con el rebuzno de la señora, eran notas delicadísimas.
Ya bastante apartado de esa asna humanoide murmuró:
-Hija de puta...
Es lo que tenía de malo 'El Moro': su proceder encaminado a tragarse todo para sí, por timidez, o por miedo a enfrentarse al de enfrente o... ¡o vaya usted a saber la razón!...
Lo cierto es que, sus intenciones, no se materializaban; es decir: no salían al exterior articuladas en palabras para que, el otro, las oyera. Y así, claro, no hay manera de dialogar, de hilar una simple conversación con el fin de llegar a algún acuerdo.
Con sus hijos (y con este en particular) que, como progenitor, es lo que más quería, las ideas que deseaba trasmitirle se quedaban en su magín sin salir afuera. De modo, que nunca llegaba a traspasarle la riqueza de conceptos que, él, creía llevar dentro. Sus principios democráticos, mal aprendidos y peor asimilados, en un mundo de patriarcas, de dictaduras del padre, de machismo, le impedían ejercer esa autoridad que, a veces, es necesaria para la educación de los hijos y cuando conseguía apuntar uno, uno tan solo de los conceptos, le rebatían de malas maneras los hijos. Entonces, por no salir a mal, dejaba pudrirse la mala leche dentro de su piel. Recordaba, al respecto, que pocos días ha, estando sentado a la mesa, vio que su hijo lo miraba de modo atravesado y le dijo:
-Parece que me miras mal.
-Te miro mal siempre -le contestó su vástago.
Otro padre, de los que él conocía, hubiera reaccionado enérgicamente, y de inmediato, diciéndole:
-¡Ah, si! ¡Pues, cuándo coños piensas encontrar trabajo e irte de aquí, de una puta vez, para no verme en esta casa que pago y, además, te alimento, teniendo que aguantar tus impertinencias, de las que ya me tienes más que harto... hasta mismísimos cojones!
Pero se calló. Enmudeció. Porque a él, precisamente a él, lo que le hubiera gustado era hacerlo sentar a la mesa y en charla tranquila, sosegada, amorosa, expresándole, enseñándole, mostrándole con ejemplos, que la vida es corta y que hay que aprovechar el tiempo que se va y no vuelve; diciéndole que se puede estudiar, cultivar su espíritu y divertirse con los amigos sin malgastar el tiempo. Y que observaba en su comportamiento un hecho que, a su modo de ver, le estaba empobreciendo intelectualmente, como era el hecho de que solo atendía a una manifestación artística; y dentro de esa parcela del arte, a un solo estilo y eso... era como hacerse sectario de esa música; con lo cual cortaba con la inmensa riqueza de la humanidad que no sabe de barreras unilaterales; se estaba aislando de las diversas múltiples facetas de la actividad artística: la poesía, el teatro, la música, la novela... La lectura de los clásicos, por ejemplo, es una forma de reflexionar sobre la vida haciéndole madurar a uno. Y le añadiría que no se dejara maniatar por la angustia del paro, si es que la tenía, que la tendría aunque a su padre no se la manifestara; haciéndole comprender que, en esa época de desempleo, es lo positivo, es cuando más puede enriquecerse uno porque se tiene más tiempo: repasando, por ejemplo, sus estudios; haciendo gimnasia; escuchando todo tipo de musica; perfeccionando sus técnicas; manejando numerosas herramientas de trabajo... ahora, si, ahora que tenía más tiempo libre y la manutención asegurada que, luego, si su padre desaparecía... Pero, ¿para qué decirle todas esas cosas?... es posible que le contestara, no como la burra femenina,  a lo mejor... peor. 
-No. No vale la pena.
Sin darse cuenta se había alejado de la población. Lo supo, de repente, por el esquileo de la ovejas. Alzó la vista del suelo y miró al frente. Lo que se le ofrecía a la vista nada tenía que ver con lo que dejó atrás: el campo verdecido, tras las lluvias, mostraba su 'alegre otoñada': aquí las florecillas lilas, amarillentas y blanquecinas, embellecían el prado, por doquier los blancos champiñones asomaban sus redondas cabezas y de cuando en cuando los niscalos, inconfundibles, lucían sus sombreros anaranjados; y lo que él más deseaba, diseminadas por las laderas o cerca de los arroyos, las verdeoscuras zarzamoras que, al sol, hacían brillar sus frutos como diciendo: 'acá estamos, venid a comernos'. Y es lo que hizo.
Ya había otros comensales dándose el desayuno. A algunos los conocías de días pasados, eran emigrantes marroquíes, parados como su hijo. Los saludó: 'Sala maleikun' o 'Ala ila ala' o 'Insalah', que no sabía bien lo que significaban pero que, coligió, serían esas frases una forma de cortesía, similares a las que, en castellano, a él le respondían, con su acento particular, los antes aludidos: 'Buenos dias', 'Qué tal' o 'Con Dios' o 'Hasta luego'. Nada más se digeron, pero con eso bastaba.
Esa mañana fue abundante el desayuno de moras. De zarzamora en zarzamora fue pasando el tiempo. Algunos ratos se paraba sentándose en alguna piedra. El sol calentaba sus huesos. Lo agradecía. Se estaba tan bien... ¿Volver a casa?... Claro... Sin ganas. Lo que menos le tentaba era regresar a la casa. No. No le hacía la menor gracia. Si, volvió. A remolque. Pero lo hizo.
Abrió la puerta. Otras veces llamaba al timbre. Se encaminó, como siempre. al frigorífico. Cogió la botella. Acordándose de una mujer de su pueblo quien, por las matanzas de los cerdos, después de comer la chanfaina, levantaba la jarra de vino y en voz alta apoyaba su odio al agua con palabras como 'madre de ranas y sapos y lavadora de trapos'  luego le pegaba un trago profundo de vino a la jarra; parecido hizo 'El Moro': levantó, igualmente, la botella de vino y, mirándola casi con  devoción, exclamó:
-¡In vino veritas! ¡Oh, botella de vino, introdúceme entre pecho y espalda la esencia alegre del optimismo! Lo necesito.
Luego, como hacía ordinariamente, se dirigió al lavabo para refrescarse la cara. Su hijo se estaba afeitando al tiempo que oía música, la música de siempre, para variar. Mientras se secaba la cara se miró al espejo.
-Las moras me están volviendo realmente moro.
Su hijo lo miró y sonriendo le dijo:
-¿Las moras, papá?... No. Mas bien el morapio.

Ida y vuelta

por MarPita
martes, 07 de octubre del 2008 a las 19:50
guardado en

Por Iswe Letu 

Llevaba días, sumido en profundas reflexiones, preocupándome por el porvenir de la humanidad y por mi propio porvenir. Era muy joven y me creía sólo, volando con mis ideas, como ave en el cielo. Pero en la soledad más absoluta, -pensaba- no puede uno ser feliz porque le carcome a uno por dentro.

Y, de pronto, no sé por qué, quizás porque el vuelo de otras aves distrajeron mis pensamientos, mandé todo hacia las cavernas del olvido y salí al viento suave de la primavera hallando de paso una solución trivial, una salida extemporánea, un refugio cinegético: ¡la caza!.

--¡Basta de rendirse a la tristeza! -me dije con esa alegría estúpida con que el joven irreflexivo zanja las cuestiones.- "A buscar pájaros voy. // Y conmigo llevo las ganas. // En una mano la trampa // y en otra el dardo y la malla." -fui cantando con gran alegría por el camino.

Y en esto, apareció ella. Ella que era todo un jardín arbolado, fragante y florido. Bajo su enramada me paseo. El murmullo de las hojas movidas por el viento era tan dulce, como el sabor de sus labios. Pero he guardado respetuoso silencio, sin revelar a nadie, por pudor, la más mínima palabra.

Luego al agua nos deslizamos, decididos a amarnos y a mantener el secreto de nuestra  amistad eternamente. Éramos jóvenes de altas y firmes diligencias. Y del agua salimos, tras varias zambullidas jubilosas, con el pez encarnado entre sus dedos; quien brillando temblaba entre sus dedos.

¡Ah!, jamás me cansé de repetírtelo; y no creas que era un sonsonete desgastado e insincero: eras, para mi, un jardín arbolado, fragante y querido.

Bien sabes que bajo tu enramada, dichoso me paseé; y que siempre guardé respetuoso silencio, sin divulgar palabra alguna, ni gesto tan siquiera.

--"A cazar pájaro fui. // Y conmigo llevé las ganas. // Y en una mano la trampa // y en otra el dardo y la malla." -volví a cantar recordándolo.

¡Qué alegría, qué gozo inmenso, cuando apareció la luz de tu mirada en la penumbra; tú que eras un jardín frondoso, fragante y querido por demás.

Suelo decir muy a menudo: a la melancolía, ¡nunca más me rendiré! Eso, hace algún tiempo. Rompió el círculo la cacatúa acabando con el silencio del jardín.

Ahora vuelvo a sumirme, repetidas veces, en profundas y abstrusas reflexiones, por el incierto porvenir de la humanidad y por mi propio y negro porvenir.

Sobre el blog

El blog de MarPita

El blog de MarPita

Ver ficha del blog en OboLog

Login

Comentarios

27 de Septiembre de 1975 y la solidaridad portuguesa (27 de Septiembre de 1975 y la solidaridad portuguesa | Blog Espanol - Easy anda Fast Blog Search)
[...]esta forma, además, podrás mostrar tu imagen en los comentarios y no tendrás que rellenar tus ......(25 sep)
Acerca de Pierre Vilar, Elena Odena y Stalin (julen avinareta)
Pierre Vilar no fue nunca  M.L. como dices,si un historiador honesto que seguia la maxima de ibn ......(30 jul)
Jonathan Houghton (leonardocipet)
SaludosDesde Barra de Navidad, Jalisco, Méx. Felíz fín de semana....(08 nov)
Wole Soyinka: de 'Los invitados' (MarPita)
Así se va uno corrompiendo...(11 sep)

Más comentados

Wole Soyinka: de 'Los invitados' (1)
"Sagoe miró por la ventana. La pared había caído en un canal que conducía el agua a la laguna. En ...
Jonathan Houghton (1)
... ¡Ser hombre, el mundo desconocido, la vida! Después pasan treinta años, y el niño regresa ...
Acerca de Pierre Vilar, Elena Odena y Stalin (1)
 En una de las páginas de su Anti-Moa , el señor Reig Tapia se pregunta ingenuamente si la ...
27 de Septiembre de 1975 y la solidaridad portuguesa (1)
El 27 de septiembre se cumplen 34 años de los últimos asesinatos del franquismo. Fue de madrugada. ...
Grafitekleando 3 (0)
Con el teclado del ordenador algunos hacen verdaderos grafitis o dibujos que llamamos grafoteklos. ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google