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Frantz Fanon: El Plano fantasmagórico (*) (1)

por MarPita
viernes, 03 de abril del 2009 a las 11:32

La tensión muscular del colonizado se libera periódicamente en explosiones sangrientas: luchas tribales, luchas de çofs, luchas entre individuos.

Al nivel de los individuos, asistimos a una verdadera negación del buen sentido. Mientras que el colono o el policía pueden, diariamente, golpear al colonizado, insultarlo, ponerlo de rodillas, se verá al colonizado sacar su cuchillo a la menor mirada hostil o agresiva de otro colonizado. Porque el último recurso del colonizado es defender su personalidad frente a su igual.  Las luchas tribales no hacen sino perpetuar los viejos rencores arraigados en la memoria. Al lanzarse con todas sus fuerzas a la venganza, el colonizado trata de convencerse de que el colonialismo no existe, que todo sigue como antes, que la historia continúa. Observemos con plena claridad, en el nivel de las colectividades, esas famosas formas de conducta de prevención, como si anegarse en la sangre fraterna permitiera no ver el obstáculo, diferir hasta más tarde la opción, sin embargo, inevitable, la que desemboca en la lucha armada contra el colonialismo. Autodestrucción colectiva muy concreta en las luchas tribales, tal es, pues, uno de los caminos por donde se libera la tensión muscular del colonizado. Todos estos comportamientos son reflejos de muerte frente al peligro, conductas suicidas que permiten al colono, cuya vida y dominio resultan tanto mas consolidados, comprobar que esos hombres no son racionales. El colonizado logra, igualmente, mediante la religión, no tomar en cuenta al colono. Por el fatalismo, se retira al opresor toda iniciativa, la causa de los males, de la miseria, del destino está en Dios. El individuo acepta así la disolución decidida por Dios, se aplasta frente al colono y frente a la suerte y, por una especie de reequilibrio interior, logra una serenidad de piedra.

Mientras tanto, la vida continúa y es de los mitos terroríficos, tan prolíficos en las sociedades subdesarrolladas, de donde el colonizado va a extraer las inhibiciones de su agresividad: genios maléficos que intervienen cada vez que alguien se mueve de lado, hombres leopardo, hombres serpientes, canes con seis patas, zombis, toda una gama inagotable de formas animales o de gigantes crea en torno al colonizado un mundo de prohibiciones, mucho más terrible que el mundo colonialista. Esta superestructura mágica que impregna a la sociedad autóctona cumple, dentro del dinamismo de la economía de la líbido, funciones precisas. Una de las características, en efecto, de las sociedades subdesarrolladas es que la líbido es principalmente cuestión de grupo, de familia. Conocemos ese rasgo bien descrito por los etnólogos, de sociedades donde el hombre que sueña que tiene relaciones sexuales con una mujer que no es la suya debe confesar públicamente ese sueño y pagar el impuesto en especie o en jornadas de trabajo al marido o la familia afectada. Lo que prueba, de paso, que las sociedades llamadas prehistóricas dan una gran importancia al inconsciente.

La atmósfera de mito y magia, al provocarme miedo, actua como una realidas indudable. Al aterrorizarme, me integra  en las tradiciones, en la historia de mi comarca o de mi tribu, pero al mismo tiempo me asegura, me señala un status, un acta de registro civil. El pano del secreto, en los países subdesarrollados, es un plano colectivo que depende exclusivamente de la magia. Al circunscribirme dentro de esa red inextricable donde los actos se repiten con una permanencia cristalina, lo que se afirma es la perennidad de un mundo mío, de un mundo nuestro. Los zombis son más aterrorizantes, creánmelo, que los colonos. El problema no está ya, entonces, en ponerse en regla con el mundo bardado de hierro del colonialismo, sino en pensarlo tres veces antes de orinar, escupir o salir de noche.

Las fuerzas sobrenaturales, mágicas, son fuerzas sorprendentemente yoicas. Las fuerzas del colono quedan infinitamente empequeñecidas, resultan ajenas. Ya no hay que luchar realmente contra ellas puesto que lo que cuenta es la terrible adversidad de las estructuras míticas. Todo se resuelve, como se ve, en permanete enfrentamiento en el plano fantasmagórico. (2)

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

1)  Primera parte

2) Tomado de la obra de Fanon 'Los condenados de la tierra'

 

Aimé Césaire: Recordando el único bautismo (+)

por MarPita
martes, 24 de marzo del 2009 a las 12:19

Pasaje de la obra de Aimé Césaire 'Y los perros callaban':

 ...

*

El Rebelde (duramente)

Mi apellido: ofendido; mi nombre: humillado; mi estado civil: la rebeldía; mi edad: la edad de piedra.
*

La madre

Mi raza: la raza humana. Mi religión: la fraternidad...
*

El Rebelde

Mi raza: la raza caída. Mi religión...
pero no serás tú quien la prepare con su desarme...
soy yo con mi rebeldía y mis puños cerrados y mi cabeza hirsuta.
(muy tranquilo)
Me acuerdo de un día de noviembre; no tenía seis meses [mi hijo] cuando el amo entró en la casucha fuliginosa como una luna de abril y palpó sus pequeños miembros musculosos, era un amo muy bueno, paseaba en una caricia sus dedos gruesos por la carita llena de hoyuelos. Sus ojos azules reían y su boca le decía cosas azuradas: serás una buena pieza, dijo mirándome, y decía otras cosas amables, el amo, que había que empezar temp`rano, que veinte años no eran demasiados para hacer un buen cristiano y un buen esclavo, buen subdito y leal, un buen capataz, con la mirada viva y el brazo firme. Y aquel hombre especulaba sobre la cuna de mi hijo, una cuna de capataz.
Nos arrastramos con el cuchillo en la mano.
*

La madre

¡Ay! tú morirás.
*

El Rebelde

Muerto... lo he matado con mi propia mano...
Si, de muerte fe cunda y fértil...
era la noche. Nos arrastramos entre las cañas.
Los cuchillosreían bajo las estrellas, pero no nos importaban las estrellas.
Las cañas nos pintaban la cara de arroyos de hojas verdes.
*

La Madre

Yo había soñado  con hijo que cerrara los ojos de la madre.
*

El Rebelde

Yo he decido abrir bajo otro sol los ojos de mi hijo.
*

La Madre

... Oh hijo mío... de muerte mala y perniciosa.
*

El Rebelde

Madre, de muerte vivaz y suntuosa.
*

La Madre

por haber amado demasiado...
*

El Rebelde

por haber amado demasiado...
*

La Madre

Evítame esto, me asfixian tus ataduras. Sangro por tus heridas.
*

El Rebelde

Y a mi el mundo no me da cuartel... No hay en el mundo un pobre tipo linchado, un pobre hombre torturado, en el que no sea yo asesinado y humillado.
*

La Madre

Dios del cielo, líbralo.
*

El Rebelde

Corazón mío, tú no me librarás de mis recuerdos... Era una noche de noviembre...
Y súbitamente los clamores iluminaron el silencio.
Nos habíamos movido, los escclavos: nosotros, el abono; nosotros, las bestias amarradas al poste de la paciencia.
Corríamos como arrebatados; sonaron los tiros... Golpeamos. El sudor y la sangre nos refrescaba. Golpeamos entre los gritos y los gritos se hicieron más estridentes y un gran clamor se elevó hacia el este, eran los barracones que ardían y la llama lamía suavemente nuestras mejillas.
Entonces asaltamos la casa del amo.
Tiraban desde las ventanas.
Forzamos las puertas.
La alcoba del amo estaba abierta de par en par. La alcoba del amo estaba brillantemente iluminada, el amo estaba allímuy tranquilo... y los nuestros se detuvieron... era el amo... Yo entré. Eres tú, me dijo, muy tranquilo... Era yo, sísoy yo, le dije, el buen esclavo, el fiel esclavo, el esclavo esclavo, y de súbito sus ojos dos alimañas asustadas en días de lluvia... lo herí, chorreó la sangre: es el único bautismo que recuerdo. (1)

_________

(+) El título es nuestro
(1) Aimé Cesaire, 'Les Armes Miraculeuses' (Las armas milagrosas) y ' Et les chiens se Taissaient' (Y los perros callaban) La edición que tenemos es traducción de Lysandro Z. Galtier en una edición argentina cuya editorial no recordamos ahora. Tal vez Fausto.

Martín de Mena: 'Fontuana, Fuentespreadas' (1)

por MarPita
martes, 10 de marzo del 2009 a las 21:16
guardado en

Fuentespreadas

 

Por Manuel Martín de Mena



Fuente; tu luz se ilumina,
espejo y luna tallada,
agua pura y cristalina
que brota de la calzada.

El sol reseca tu piel,
la luna besa tus manos,
tu has mitigado la sed
a españoles y romanos.

Se murieron tus viñedos,
pero no murió tu historia,
porque tienes de tus deudos
la riqueza meritoria.

Tumbas de piedra talladas
yacen valientes guerreros,
espuelas que han sido halladas
en caminos y senderos.

Sarcófagos y molinos,
brazaletes y alfileres,
contemplan vuestros vecinos
el valor de estos enseres.

La luz destella otro foco
rebosante de cultura,
escudos de arte barroco
con elegante escultura.

Camino Santa Colomba,
las huetes(*sic) quedan los restos;
no tiene la iglesia tumba
para descansar los muertos.

Desgarran fustes romanos,
los frisos son desplomados,
se desmoronan las piedras,
con el paso de los años.

Amar la vida es precioso
aun gastados los peldaños,
el ser joven es hermoso
aunque tengas muchos años.

Ni la espada de tu mando,
ni las espuelas doradas,
la bravura del soldado
no conquistó Fuentespreadas.



El Perdigón, 28 de Diciembre de 1991

__________

(1) El título es nuestro

(*sic) ¿Huestes?

Alvarez del Burlo: El cumpleaños del 27 de septiembre

por MarPita
miércoles, 25 de febrero del 2009 a las 14:45
guardado en

 

(recordando a Concha Tristán, recientemente fallecida, que militó en el FRAP)

Se cuenta en una historia de una golondrina muy joven que vivía feliz con sus padres, se divertía con sus amigas y empezaba a trabajar llevando barro en el pico para construir su nido. A pesar de su juventud había realizado aventuras, a veces peligrosas, que mostraban a las claras su generosidad y su arrojo. Era dichosa.

Mas por azares del Destino que unos veces es bienhechor y otros maligno se quedaron prendidas sus patas, a la vera del arroyo, de un barro arcilloso. Por mas que hizo para desprenderse de él no lo logró. A cada movimiento se hundía más y más en el barro. Hasta que ya muy cansada se abandonó a su suerte y el barro la tragó.

Al poco acudió al arroyo un alfarero a coger arcilla para su trabajo porque se le habían agotado las subsistencias. Metió una buena cantidad en un zurrón y regresó a su taller. Como habréis adivinado dentro del barro latía la galondrina de nuestra historia sin que el alfarero lo supiera.

Allá en el nido de la golondrina sus padres, como no regresara a tiempo, comunicaron su inquietud a los vecinos. La buscaron por todas las partes. Infructuosamente. Y pensando que habría muerto se hundieron en la tristeza y la lloraron amargamente.

Mientras tanto el alfarero puso parte del barro en el torno y comenzó a modelar un jarrón. Metío los dedos en la masa para hacerle el hueco de la panza viéndose sorprendido con un bulto que iba saliendo en la panza de la vasija. Y ya iba a quitárselo cuando le llamó su mujer. Contempló un instante su obra y la dio por bien hecha. Al fin y al cabo el bulto tenía forma de pájaro.

-¿Quién va a pensar que es un pedrusco?, pensó para si.

De modo que, como la mujer arreciera en sus gritos, cogió la pieza y la puso junto a las otras para que se secara al sol.

Y se fue.

La golondrina, porque el bulto como ya hemos dicho era ella, al sentir los rayos del sol y viéndose casi libre comenzó a moverse intentando deshacerse de la suave y débil capa de arcilla que la cubría. Cuanto más esfuerzos realizaba más forma de golondrina adquiría. Luego podría volar y volar para reencontrarse con sus padres y amigas que echaba mucho en falta.

Para su desgracia no solo se movía ella, también lo hacía el sol, señor de los cielos. Era verano y alcanzaban de lleno sus rayos ardientes a las vasijas del alfarero. En poco tiempo la fina capa que rodeaba a la avecilla se fue endureciendo, con lo que que la golondrina viose abocada a permanecer en ese jarrón. Mucho lloró. Tanto, que la arcilla que cubrian sus párpados se deslizó en forma de gota dejando libres sus ojos. Volvió a ver la luz y con ella a sus amigas que volaban incesantes por el cielo preguntándose dónde estaría su amiga: aun tenían la esperanza de volver a verla.

Sintió alegría y pena; alegría de dejar un mundo oscuro y pena por el encierro en la que se veía presa. Una cárcel arcillosa.

Esto pensaba la golondrina cuando el artesano regresó a su faena triste y compungido por las deudas en las que estaba encarcelado y que le tenían el corazón en vilo.

Continuó su trabajo sin el más mínimo aliciente. Las ideas volaban por los más negros espacios augurales. ¡Qué sería de su familia!

Pintaba sus vasijas sin ganas, mecánicamente.

Mustio y mohino se hallaba al recoger de suelo el jarrón que dejó cuando su mujer le llamara para lamentarse de que su bolsa se hallaba vacía de monedas y preguntarle de muy malos modos de dónde sacaría dinero para subsistir. No supo qué contestarle. Pero ahora, al ver la vasija, se le iluminó el rostro. El vientre del jarrón tenía una protuberancia de forma de pájaro perfecta. Paseó sus manos por el bajorrelieve pareciéndole que la forma estaba viva. Hasta creyó ver como se movían sus ojos. Se dio una palmada en la frente como para ahuyentar sueños.

-¡Que tonto soy! Cómo se van a mover los puntos negros de algún pedrusco...

Hay que decir, para que se entienda bien el relato, que el hombre era un artesano con una gran sensibilidad y comprendió que se hallaba ante unas formas de exquisita factura. Necesitaba, eso si, darle una capa de pintura para que ese bulto adquiriera el color de una golondrina viva que llorara desesperada por desprenderse del resto del jarrón. Había creado una obra de arte. Única y valiosa. Fue consciente de ello.

Los miércoles en aquella localidad donde vivía nuestro hombre había mercado y como todos los miércoles acudió con sus piezas de barro a su puesto. Colocó sus piezas, saludó a los verduleros y verduleras, a los pajareros, a los que vendían pescado, a los meloneros... Luego se puso a vocear sus mercancias. Voces que se confundían con las de otros artesanos y comerciantes. Una alegre algarabia se adueñó del mercado semanal. Funcionarios, campesinos, estudiantes, amas de casa... iban acercándose hasta los distintos chiringuitos.

Él esperó a que las gentes se fijaran en sus creaciones.

Un niño que paseaba cogido de la mano de su madre exclamó:

-¡Mamá! Mira ese jarrón tiene una golondrina posada en su barriga.

Y fue como si de repente descubriera algo que todos habían percibido pero que no se habían atrevido a decir en voz alta no fuera a ser que los trataran de locos.

Efectivamente, todos se admiraron de este logro artístico, lo elogiaron, felicitaron al artesano y pujaron por comprársela. La vendió a un buen precio. Antes de que se la llevara una señora la besó en el lugar donde estaba la golondrina que sintió su beso y se emocionó.

Ya no tendría problemas económicos. Podría pagar todas las deudas, porque además vendió la totalidad de sus piezas.

Marchó alegre el alfarero y contenta así mismo se fue la golondrina por haber conseguido la felicidad de aquel hombre.

La mujer que compró el jarrón lo puso en la repisa de la chimenea del salón. Desde allí veía el avecilla un mundo extraño y limitado: sofás y sillones donde se sentaban la mujer, su marido y tres hijos; y donde dormitaban a menudo dos gatos, uno negro y otro blanco. En mesillas y aparadores había macetas con plantas de nombres que nunca había oido: spatillyum, calas, palmeras... Otras plantas de raros nombres estaban colgadas del techo.

Lo que mas le gustó fue un pajarillo. Estaba, como ella, encarcelado en una jaula. Aunque la diferencia era notable, porque él podía utilizar sus alas y ella no. Algunas veces, al ver al pajarillo volar de travesaño en travesaño se sublevaba erizándosele las plumas que, enseguida, se encontraban con la dureza de la arcilla y le dolían. Intentaba romperla. Su esfuerzo sin embargo era vano.

Al esposo de la señora le pasaba algo parecido con sus brazos. Su movilidad era limitada. Pero en la desgracia hay diferencias de mucha naturaleza: la parálisis de ella era casi total; la del hombre era parcial; y la del pájaro era relativa, solo relativa; su cárcel era de arcilla; el molde del señor era de carne; y el del pájarito era casi invisible, etérea.

Cuando se comparaba con el hombre que estaba ahí, sentado en el sillón, volvía a rebelarse contra su infortunio, porque sus piernas se movían y podía ir de un lado a otro. Ella en cambio...

Eran momentos de rabia y de impotencia para el ave emigrante. Y si no fueran amortiguados por el trato amable, casi amoroso, que recibía el jarrón golondrinero siempre acariciándolo, o besándolo, o aseándolo... no sabe qué habría hecho.

Lo peor fue cuando colocaron un ramo de flores, al recordar de pronto, dolorosamente que, ella, había sobrevolado campos cuajados de esas mismas flores. Fue un ramalazo de nostagia que recorriera su ser. Y volvía a encender su rebeldía contra la injusta situación en la que se encontraba. Luego, se iba aquietando. Por otra parte, no podía acusar a nadie de su estado.

-¡Maldito Destino!, exclamaba.

Y se ponía a soñar que volaba.

Tantas y tantas veces pusieron flores en el jarrón que, paulatinamente, lo fue tomando como un regalo natural para ella.

Las flores le traían aire fresco y noticias del mundo exterior. En cierta ocasión, recordaba, una de las flores se curvó cayendo cerca de sus ojos. Era un clavel rojo de aroma profundo y muy agradable. Sintió deseos de charlar con él porque, antaño, aprendió el lenguaje de las flores:

-Hola Clavel, ¡qué olor tan penetrante tienes!

-¿Me conoces?

-Claro, yo antes volaba por encima de los campos donde había muchas flores.

-¿Antes?... Y ahora, ¿por qué no lo haces?

-Es que estoy encerrada en este jarrón.

-No te entiendo... Lo que si sé es que estás como yo: me han metido a la fuerza en este recipiente. Y menos mal que el agua que tiene en el fondo alivia el dolor, porque cuando me cortaron con las tijeras sentí un dolor horrible y comencé a sangrar. Ahora ya me duele menos.

-¿No lo entiendes?... En fin, sería muy largo de contar... Cada uno tiene su cruz... Oye...

-Dime.

-A mi el color de tus pétalos me recordó la sangre de una amiga que se sacrificó por una causa noble.

-No serás tú una de las 5 del 75...

-No. Que yo sepa. No conozco esa historia. Soy, eso si, una de las 100.

-¿Si? ¿De la bandada que encabezó la hija de aquella que se sacrificó por los hombre y que se cuenta en El Príncipe Feliz?

-Una de ellas. ¿Has oído la aventura?

-Algo se contaba por los campos de claveles. Pero me gustaría oirlo con tus propias palabras. Tú, que fuiste protagonista.

-Vale. Te la contaré con la condición de que no me interrumpas. Si lo haces se me corta el hilo y me pongo a llorar.

-De acuerdo.

-Verás: habíamos venido de África aquella primavera. Mi familia y yo hicimos un nido debajo del alero del tejado y un niño de pocos años me dio un día, que me posé en el alfeizar de la ventana de la habitación donde dormía, unas migas de pan. Lo agradecí porque, por aquel entonces, no abundaba la comida en los campos. A partir de ese momento acudi todos los días y siempre siempre tenía algunas migajas para darme. Y si no se encontraba allí dejaba un platillo con miguitas de pan. Llegué a ser amiga de él. Creo que nos queriamos mucho.

Por la mañana me levantaba temprano, volaba hasta los cables de la luz que había a la salida del pueblo. Allí se iban posando mis amigas y, cuando la aurora asomaba sus rayos, levantábamos el vuelo hacia los campos.

En una de esas travesías volanderas estaba cuando descubrimos asustadas un águila. Temblamos y en un quiebro veloz, en un arabesco de sombra, nos ocultamos entre las yerbas de un prado. Así estuvimos un tiempo hasta que la hija de la golondrina del cuento quien, como ya sabes, estaba con nosotros porque no quiso ir a Inglaterra y se vino a España, levantó el vuelo. Aun continuaba la rapaz en el cielo. No obstante seguimos volando sin perder de vista a la carnicera. Volabamos siguiendo los movimientos ondulantes del viento sobre los cereales y las hierbas: subíamos y bajábamos. Eran dignas de verse nuestras filigranas de baile en busca de insectos. ¡Ah! Viviamos...

En uno de los vuelos percibí que por un camino venía andando un niño. Enseguida conocí que era mi amigo. Se dirigía, sin duda, hacia el patatal que sus padres estaban regando. Me inquieté. Si lo descubría el águila, pobre de él. Porque era mala. Muy mala. Y tenía hambre. Mucha hambre. Y, claro, lo descubrió, ¡menuda vista que tiene la pájara! Colocose encima de él volando lentamente, como si planeara. Se lo comuniqué a Golondrina Fiel (llamaré así a la golondrina de la que ya te he hablado) Nos dijo que nos reuniéramos volando en torno a ella que nos hablaría. Pero que, como era peligroso lo que nos iba a proponer, solo lo hicieran las voluntarias. Las demás podían proseguir su vuelo. Algunas se fueron. Pocas. Nos quedamos 100. Por eso nos conocen como la bandada de las cien. Afirmó que la única manera de salvar al niño era distraer al aguila atrayéndola hacia nosotras. Aun a riesgo, cierto, de perder la vida alguna. Como así fue. Nos acercamos en bloque y el águila que planeaba, como ya te he dicho, siguiendo la trayectoria del niño, se vino hacia nosotras. Como teníamos previsto nos lanzamos en picado hacia la tierra. Una sorpresa le preparábamos de la cual se iba a acordar el águila toda la vida: en una huerta, cerca del patatal, donde trabajaban ajenos a esta batalla los padres del niño, se elevaban, clavadas en tierra, unas estacas en punta hacia el cielo para que treparan las matas de habas. A una señal de Golondrina Fiel, 99 de nosotras nos apartamos de ella que se dirigió a posarse en una de las estacas seguida muy cerca por la depredadora. Tan ciega iba, por el hambre y la ira, el águila carnicera que se jincó en la estaca. Desgraciadamente, nuestra compañera y guía no tuvo tiempo de alejarse lo suficiente del área de acción del aguila quien con una de sus garras la desgarró. Cayó Golondrina Fiel cerca del pico del aguila que aleteaba de dolor queriendo desasirse de esa trampa mortal. Golondrina Fiel pereció, pero salvó al niño. Reemprendimos el vuelo entristecidas por la muerte de nuestra hermana. Vi al niño que me saludaba con la mano. Me había conocido.

Así terminó el relato de la aventura y el clavel se sintió tan conmovido que dejó caer un petalo rojo en honor a la heroina muerta.

Quería decir algo pero no tuvo ocasión porque la señora de la casa cogió las flores del jarrón y las echó a la bolsa de la basura. Y es que al ver el pétalo en el suelo creyó que se estaban mustiando. Ella no entendía el lenguaje de las flores.

Muy sola y triste se quedó la golondrina emparedada en su arcilla. Solo los ojos le unían al mundo objetivo exterior. De allí recibía un panorama pobre para la que había sobrevolado casas, campos y montañas, ríos y mares: dos sofás, dos sillones, unas plantas, tres paredes y un pararillo en su jaula recordándole, una vez más, su desgracia y los grados de ella: primero, segundo, tercero y aun existía uno más: el de los deshauciados. Y como el que no se contenta es porque no quiere, ella se podía dar con un canto en los dientes: no estaba deshauciada. Nadie le había dicho que fuera a morir.

Se le elevaba entonces la moral, se henchía de optimismo, pensando en su valentía o en el sacrificio de su amiga. No se daba por vencida.

Para distraer su soledad se pudo a rememorar su charla con el clavel:

-¿Qué habría querido decir con eso de que si ella no era de las 5 del 75?... ¿A qué se refería?...

Se quedó un rato pensativa.

Mas tarde soñó que volaba.

La vida en aquella casa no tenía muchos altibajos; podría decirse que era monótona y aburrida: los hijos estudiaban (no todo lo el padre quisiera), la mujer iba al mercadillo los miércoles y el hombre escribía o leía (a veces en voz alta). Veían la televisión... En fin, como la mayoría de las familias.

La golondrina desde su encierro oía las lecturas del señor de la casa sin poner mucha atención. Sin embargo una que se refería a la madre de Golondrina Fiel. Era el cuento de 'El Príncipe Feliz' que había mentado el clavel. Le emocionó mucho y derramó abundantes lágrimas. El final de madre e hija era trágico: el sacrificio por una causa hasta la muerte.

Aunque es mas corriente de lo que suele creerse, pues lo hacen miles de seres, si no millones, toda la vida. La diferencia en la heroicidad, como en las desgracias, radica tan solo en el fulgor doloroso del instante de bravura, en unos casos; en otros el sacrificio es una resistencia gris sin brillo, pero no menos heroica a lo largo de toda la existencia de esos seres. Esa es la diferencia, ese el grado.

Le vino a corroborar este pensamiento la lectura de esa historia que narra la decisión de un ave de lanzarse a los cielos, aun herida, a riesgo de perecer en el intento, con tal de sentir el aire, la altura, la sensación de libertad.

Gesto valiente, brillante como el filo de la espada, pero su fulgor ciega sin dejar ver que es un gesto gratuito, ajeno a generosidades. Inútil, por tanto. Es rayo que ilumina cegando. Locura de los valientes. Para algunos la única sabiduría. La de los héroes. La de los arrojados. La de los valientes. No quería quitarle ella mérito, pero tampoco se uniría a la postura de los que esconden la otra, la de los de abajo que no brilla como el oropel, siendo valiosa, oro puro para los suyos, que es la de todo el común. Esta abre caminos a los que viven en el infortunio, en la desesperanza, elevándolos por encima de todas las desgracias. Muchos héroes hay que deambulan cabizbajos. Y sólo necesitan que las condiciones maduren para que, también, surja en todo su esplendor la capacidad que encierran en esa apariencia pálida. Se mostrará con clara intensidad que estaban hechos de pequeñas heroicidades que habían llegado a un punto de cocción preciso dando como resustado la magna obra que ya latía por debajo.

Descubre que ella es así: late, nunca mejor dicho, bajo la superficie.

Con motivo del cumpleaños de la mujer de la casa, el 27 de septiembre, los hijos le compraron un ramo de flores en el que venía una nota:

-"Tus hijos te desean feliz cumpleaños y te anuncian que tu hija ha aprobado la carrera".

-¿Si? ¿De verdad? ¿Has aprobado?... Este es el mejor regalo que he recibido en mi vida.

Lloró emocionada. Efectivamente, había aprobado. Su nota aparecía en Internet en la web de su universidad.

El ramo de flores estaba encima de la mesa del salón y los gatos subieron a oler las flores. Para que no las estropearan las puso en el jarrón quien, como siempre, estaba en la repisa de la chimenea. Llenando de alegría a la golondrina que, así, podría charlar con las flores.

El día era uno de esos luminosos de finales de septiembre. El sol calentaba con fuerza. Por el cielo volaban, con alegres chillidos, numerosas avecillas. La mujer, en un arranque de desbordada alegría, abrió la ventana del salón de par en par para que entraran los rayos de sol a raudales y colocó la vasija en el alfeizar. La golondrina y la mujer respiraron profundamente. Miraron de frente. Al cielo. Al fondo del cielo. A la calle. Al fondo de la calle. Venía mucha gente en manifestación. Se retiró de la ventana la señora para comunicárselo a sus hijos.

Como era la primera vez que habían colocado el jarrón en ese lugar la golondrina ahora veía un panorama connatural a ella: cielo azul, aves volando, nubes blancas, sol... ¡aire!, ¡libertad!... Por un momento se sintió libre de ataduras, de cárceles, de aherrojamientos... ¡de barro endurecido! Estaba en otro mundo. En su mundo...

Le sobresaltó la pregunta de un clavel:

-¡Oye!, ¿no eres tu una golondrina?

-Ya se ve.

-¿Y no serás por casualidad una de las 100?

-Estuve en aquel suceso. Ahora me encuentro encerrada en esta prisión.

Y le contó su desgracia.

-Hemos oído que cuatro del grupo de las 100 te están buscando. El resto emigró hace tiempo. Se lo voy a decir a mis parientes. Se alegrarán.

-¿Los tienes aquí?

-Si. Somos 3 hermanos y 2 primos. Yo me llamo José Humberto y mis dos hermanos se llaman José Luis y Ramón. Y los primos Txiqui y Otaegui. En realidad todos somos claveles...

-¿De dónde vienen esos nombre?

-Como te digo todos somos claveles. Pero la estudiante que ha aprobado la carrera nos ha bautizado así dándonos un beso. ¿Sabes qué día es hoy?

-No.

-27 de septiembre.

-¿Y?

-¿Y?... ¡Ah! ¡Ya entiendo! Tu desapareciste antes de que ocurriera esta historia. Te la contaré brevemente: hace unos años vivió un hombre malo que tenía por nombre Franco y no porque fuera sincero y abierto. No. Dirigía una dictadura cruel y sangrienta contra el pueblo. Mucha gente, la mayoría, lo odiaba. Luchaban como podían contra él. Contra esa dictadura militar. Entre ellos los jóvenes. Cinco decidieron combatirla con todas las armas en sus manos. Otros muchos también. Y se opusieron, legitimamente, a la violencia dictatorial con la violencia de la libertad. Eran débiles. Eran pobres. Eran pocos. Pero eran puros. Marcaban camino al andar. Pero los apresaron, los torturaron y los asesinaron un 27 de septiembre de 1975. Y todos los 27 de septiembre se celebran actos en su memoria. Colocan claveles rojos en sus tumbas que los malos arrebatan de ellas. Golondrinas en guardia se encargan de reponerlos en recuerdo y homenaje a esa golondrina generosa y a su generosa hija que sacrificaron su vida por los demás. Este año tocaba a las 5 últimas golondrinas del grupo de las 100. Es importante este simbólico acto porque, muchas, han ido perdiendo el recuerdo de aquello o se han dejado llevar por el desengaño o porque las tareas le ocupan tanto tiempo que las agota y cuando llegan al nido permanecen mirando como espectadores hasta que se duermen.

-Tal vez muchas, como yo, contemplan prisioneras el devenir de los acontecimientos sin poder hacer nada. O son prisioneras porque nadie les ha enseñado el modo y manera de contribuir con su acción a transformar las cosas. Paralizadas por la ignorancia. Se encuentran metidas en la mazmorra de la impotencia.

-Por eso es imprescindible tu concurso para mantener viva la llama de todo lo que es hermoso y justo y por lo que merece sacrificarse. En nosotros, los claveles, se halla la sangre de todos los héroes que en el mundo han sido y su aroma se expande en amoroso recuerdo.

-¿Y yo qué puedo hacer?

-Salir de ese encierro rompiendo los muros que te aprisionan. Para ello se necesita voluntad y determinación. La inteligencia te mostrará el camino.

-Eso... es más fácil de decir que de llevarlo a cabo... ¿Qué se oye?...

-Son los gritos de los manifestanes que se acercan.

-Dicen: ¡27 de septiembre, justicia popular! Lo oigo...

-Pero mira, se acerca a la acera, debajo de nosotros, un hombre con una pistola.

-¿Quién es?

-¿¡Quién va a ser!? Un partidario del asesino que mató a esos cinco jóvenes, con cuyos nombres nos ha bautizado la estudiante a mi y a mis hermanos. Por cierto, que aun no les he dicho que estás aquí. ¡Eh, hermanos! ¡He hallado a la golondrina de la bandada de las 100 a quien buscaban sus cuatro amigas! ¡Está aquí!...

Se produjo un movimiento en el jarrón por la alegría de los claveles, y por el aire movido por las alas de cuatro golondrinas que se posaron en el alfeizar; alfeizar al que acudieron los dos gatos de la casa atraidos por las aves; alfeizar donde la joven llegó llorando (acababan de comunicarle que la nota aparecida en Internet era un error) a proteger las flores y el jarrón de su madre.

Alargó la mano, pero no pudo impedir que se precipitaran al vacío.

Fueron pocos segundos pero la golondrina se vio colmada de una dicha infinita, sintiose cual si volara libre y soberana por el cielo azul, purísimo, de ese día soleado de septiembre. Hasta que chocó el jarrón en la cabeza del que se disponía a herir con su arma a pacíficos manifestantes. Ahí quedó, desmayado, en el suelo, entre los trozos del jarrón hecho añicos, mientras arreciaban los gritos de los manifestantes:

-¡Vosotros fascistas sois los terroristas!

Manifestantes que aplaudían vueltos hacia la ventana, donde una joven, flanqueada por un gato negro y otro blanco, lloraba embargada por la pena y la emoción.

Las cuatro golondrinas revolotearon con un clavel en el pico en torno a su hermana quien, aturdida, se recuperaba libre de encarcelamientos arcillosos, los cuales quedaron esparcidos por el suelo junto al clavel rojo.

 Y colorin colorete este cuento se fue al garete.

 

Aimé Césaire: Dos eias, dos brindis

por MarPita
martes, 27 de enero del 2009 a las 13:46
guardado en



'Dos eias, dos brindis'. Así hemos titulado las dos traducciones de este trozo, de este texto, del poema de Aimé Césaire 'Cuaderno de un retorno al país natal' (cahier d'un retour au pays natal-en francés en el original-). Este trozo, este texto, según Senghor, es capital para la comprensión del poeta de la Martinica, porqque opone el espíritu de la civilización negro-africana al espíritu de Occidente.
De estas dos versiones, de estas dos traducciones, la primera es de la prestigiosa escritora cubana Lydia Cabrera, de la otra se nos olvidó anotar el nombre del traductor de una obra de Leopol Sedar Senghor de donde la tomamos. Posiblemente sea de Julian Marcos. Si no recordamos mal así se llamaba el traductor de algunas obras de Senghor. Pero no estamos seguros.

He aquí las dos traducciones:

¡oh! luz amiga
¡oh! fresca fuente de luz
los que no han inventado ni la pólvora ni la brújula
los que jamás supiero domeñar ni el vapor ni la electricidad
los que no exploraron los mares y el cielo
mas sin ellos la tierra no sería la tierra
corcova tanto más benéfica que la tierra desierta,
más que tierra
silo donde se preserva y madura lo que tiene de más tierra la tierra
mi negrura no es una piedra, su sordera abalanzada contra
el clamor del día,
mi negrura no es una mancha de agua muerta en el ojo
muerto de la tierra
mi negrura no es una torre ni una catedral
se hunde en la carne roja del suelo
se hunde en la carne ardiente del cielo
perfora la postración opaca con su paciencia recta
¡Eia por el Kailcedrato real!
¡Eia por los que no inventaron nada
por los que jamás han explorado nada
por los que jamás han domeñado nada
mas no se abandonan sorprendidos a la esencia de todas las cosas
ignorando la superficie, poseídos por el movimiento de todas las
cosas
despreocupados de dominar, pero jugando el juego del mundo
en verdad los hijos con más años del mundo
aire fraternal de todos los soplos del mundo
lechos sin acequias de todas las aguas del mundo
chispa del fuego sagrado del mundo
¡carne de la carne del mundo palpitando con el mismo palpitar del mundo!


_-_-_


¡oh! luz amiga
¡oh! fresca fuente de la luz
los que no han inventado ni la pólvora ni la brújula
los que nunca han sabido domeñar ni el vapor ni la electricidad
los que no exploraron los mares ni el cielo
pero sin los cuales la tierra no sería la tierra
gibosidad más bienhechora que la tierra desierta,
ante todo la tierra
silo donde se almacena y madura lo que la tierra tiene de más
terreno
mi negritud no es una piedra, su sordera se precipita contra
el clamor del día
mi negritud no es una nube de agua muerta sobre el ojo
muerto de la tierra
mi negritud no es una torre ni una catedral
y se sumerge en la carne roja del suelo
se sumerge en la carne ardiente del cielo
horada la postración opaca de su enorme paciencia
¡Brindemos por el Kailcedrat real!
¡Brindemos por aquellos que nunca han inventado nada!
por aquellos que nunca han explorado nada
por aquellos que nunca han domeñado nada
pero que se abandonan, como poseidos, a esencia de todo
ignorantes de las superficies pero poseídos por el movimiento de todas las
cosas
sin pensar en domeñar, pero jugando el juego del mundo.
Son los verdaderos primogénitos del mundo
agitados por todos los vientos del mundo
zanja de desagüe de todas las aguas del mundo
chispa del fuego sagrado del mundo
carne de la carne del mundo palpitante del movimiento mismo del mundo!

Israel: La memoria cercana al horror

por MarPita
martes, 30 de diciembre del 2008 a las 13:00
guardado en

La memoria cercana.

Israel: el crimen conduce al paraiso de Yahvé


Tomado de:

http://kevinvazquez.blogspot.com/

Un buen momento para reproducir la siguiente información del 7 de septiembre de 2004 que desenmascara tanto el carácter asesino del régimen israelí como de buena parte de sus responsables religiosos (el judaísmo es la religión del llamado bíblicamente "pueblo elegido", expresión alarmantemente emparentada con esa de trágico recuerdo de "la raza superior"; ambas expresiones lo justifican todo, hasta el asesinato masivo de niños). La información reproducida se refiere a las declaraciones de rabinos apologetas e inductores del crimen y del exterminio palestino con gran audiencia en la sociedad israelita. Lamentable y sangriento. Quizás es el camino al paraiso de Yahvé para los israelitas. En fin, toda religión conduce a la muerte. Y vamos con la información del recuerdo:



Un grupo de prominentes rabinos Judíos, ha pedido al Ejército Israelí no vacilar en matar civiles palestinos. En una carta al ministro de defensa Israelí, Shaul Mofaz, el martes 7/9/2004, los rabinos dijeron que matar civiles enemigos es "normal" durante tiempos de guerra y que el ejército israelí no debería dudar nunca, en matar civiles no-judíos para salvar vidas judías. "No hay ninguna guerra en el mundo en la que sea posible delinear completamente entre la población y el ejército enemigo, ni en la guerra de Estados Unidos en Irak, ni en la guerra Rusa en Chechenia, y tampoco en la guerra de Israel contra sus enemigos", dijeron los rabinos.

Los rabinos citaron un mandato talmúdico, o disposición religiosa, manifestando que "nuestras vidas están en primer lugar"... "La predicación cristiana de 'poner la otra mejilla' no nos concierne, y no seremos impresionados por aquellos que prefieren la vida de nuestros enemigos a nuestras vidas," dijeron.

Ramas Opuestas: La carta fue firmada por un número de rabinos israelíes incluyendo a Haim Druckman, un ex miembro del Knesset que dirige el gran movimiento fundamentalista religioso de jóvenes conocida como Sociedad Bnei Akiva; Eliezer Melamed, director de una universidad religiosa en la Ribera Occidental Ocupada; y Youval Sharlo, director de otra universidad talmúdica en Petah Tikva que combina estudios talmúdicos con el servicio militar activo.

Vale señalar que muchos rabinos, especialmente dentro del Judaísmo Conservador y de Reforma, no comparten la visión Ortodoxa y Ultra-Ortodoxa acerca de los no-judíos. Pero las ramas Conservadora y de Reforma del Judaísmo, a pesar de su superioridad numérica, tienen muy poca influencia en Israel y son generalmente maltratadas por las poderosas ramas Judías Ortodoxa y Ultra-Ortodoxa con influencias dentro del gobierno israelí.

Incidentalmente, unos meses atrás un prominente rabino en el asentamiento judío de Kiryat Arbaa cerca de Hebrón, emitió un mandato manifestando que los civiles no-judíos pueden ser matados para salvar vidas judías.

El rabino, Dov Lior, argumentó que las vidas no-judías no tienen santidad, especialmente en tiempos de guerra. Lior ha elogiado y alabado públicamente a Baruch Goldstein, un colono judío estadounidense que en 1994 asesinó a 29 palestinos que estaban rezando en la Mezquita Ibrahim de Hebrón. Llamando a Goldstein un "gran santo", dijo que "miles de vidas de no-judíos no valen ni una uña de un judío".

Máxima talmúdica: A principios de este año, Lior apoyó entusiastamente el asesinato de civiles palestinos en Rafah al sur de Gaza, diciendo que "es muy claro a la luz del Tora que las vidas judías son más importantes que las vidas no-judías".

Al formular sus posiciones teológicas, Lior y otros rabinos que piensan como él, se apoyan en una máxima talmúdica que formula que es un mitzvah (deber imperativo religioso) matar a civiles enemigos en tiempos de guerra. Los mismos rabinos, además, frecuentemente citan los versos del Tora en los cuáles se muestra a Dios dando instrucciones a los antiguos israelitas de aniquilar a los cananeos en la antigua Palestina.

Desde el estallido de la Intifada al-Aqsa en Septiembre de 2000, el Ejército Israelí y grupos judíos paramilitares han matado al menos a 3.300 palestinos, la mayoría civiles, incluyendo a más de 600 niños.

José María Amigo Zamorano: 'Recuerdo de la madre'

por MarPita
jueves, 18 de diciembre del 2008 a las 20:33
guardado en

Un remedo del poema de David Mandessi Diop 'A mi madre'


por José María Amigo Zamorano


Tras el fin de nuestro amigo José María Sánchez Hernández,
nos viene a las mentes la posibilidad de la muerte, del fin seguro;
cuando nos queda menos para ser tan solo un vivo recuerdo;
cuando estamos a punto, en cualquier momento, de desaparecer
de esta faz que se mueve más en dirección que no nos gusta;
cuando alrededor vuelven los recuerdos de aquello que fuiste,
del anhelo de vivir en plenitud, de huir del dolor perpetuo,
de la hez del llanto, del mar helado donde ahogan esperanzas;
cuando en nosotros reviven tus llantos, en esos desgarrados días,
en esas interminables jornadas, tras las puertas atrancadas
por las que se colaba el frío, ahito de desconsuelos, de naufragios,
y las palabras eran inútiles como aristócratas abrazando su vacío;
entonces, madre, pensando en ti, en tu cara alargada, triste,
en tu tez blanquecina, suave, dulce, en tu vaga sonrisa...
Oh, madre mía, te sentimos multiplicada, hecha con retazos,
con trozos, con cachos, de todas las madres del mundo,
pero tan solo de todas las madres de los pobres del mundo,
de las madres de todos los esclavos que en el mundo han sido
y que retornan con rabia, con empuje, con fuerza, a ver las flores,
como tu las veías, ahí, brotadas de ti misma, de tu anhelo;
por eso, tu voz será ese grito en la garganta preñado de violencia
en una canción agreste, rebelde, insumisa, guiada tan sólo por amor.

Yon Muñagorri: alas para volar

por MarPita
martes, 25 de noviembre del 2008 a las 19:51
guardado en

Si... habría que...

habría que... si,

encender una lámpara

en el umbral de la ventana.

Claro... habría que...

habría que... ¡claro!

ponerle al navío

dos brazos

para que

incluso con temporal

pudiera navegar

sobre las olas.

Si... tendremos que...

tendremos...

que escribir con virutas

de hierro

inclinándonos sobre el torno

con ánimo de lucha

ya que de otra forma

no podemos.

Tendremos que...

tu y yo

unidos fuertemente

¡Los dos!

y al vuelo lanzarnos en buena amistad.

Mañana,

mañana ya,

para cuando el sol

entre a raudales en las casas

y nos saque a todos a la calle

habrá que organizar una fiesta.

Autor: Yon Muñagorri

Traductor al castellano: Jon Arzalluz Eguiguren

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