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Iswe Letu: Zamora, el crimen de nunca acabar

por MarPita
viernes, 07 de agosto del 2009 a las 12:27

Tu, viajero, persona de tu tiempo, turista o curioso, si por casualidad pasas alguna vez por Zamora, después de visitar los lugares reseñados en las guías del ocio, lugares que son numerosos y dignos de ver, acuérdate por un instante de las victimas del franquismo. Allí, en esa tierra que no fue frente de guerra -guerra que sufrieron los españoles de 1936 al 1939- asesinaron a muchísimos republicanos.

La crueldad llegó a tales estremos que, por ejemplo, mataron a la esposa del gran escritor Ramón J. Sender por ser quien era su esposo.

Este 9 de julio, si, este de 2009 se recordó en Villalpando, un pueblo de esta provincia zamorana, a los 26 asesinados. Dio una conferencia el historiador Junco. Abogó, a estas alturas de la historia, por la reconciliación. Palabra muy bonita que no sabemos si entenderían los oyentes de Villalpando. O si le cabía en sus cabezas. Allí, en la tierra zamorana, asesinaron al maestro comunista Amado Hernández Pascual, al que, con otros, llevaron en un camión prisioneros y de los que nunca más se supo. Era la bondad suprema, generoso, desprendido, cordial, amable y una promesa de las artes y de las letras cortada en agraz, natural de Argujillo, otro pueblo zamorano del partido judicial de Fuentesaucco. Presumiblemente no hablaría de este maestro María Antonia Iglesias en su libro sobre maestros asesinados. Y en Argujillo estuvo escondido bajo tierra Pepe Cancio. Como un topo. Resistiendo. ¡Con dos cojones!

De ese mismo partido judicial es el municipio de El Piñero donde asesinaron a diez. Era la matemática fascista: 10 x 1.

Pero si, tu, viajero, hombre o mujer de tu tiempo, te paras un momento a recordar a estas víctimas del franquismo, te recomendamos pases por Moraleja del Vino, población que está a escasos minutos de Zamora capital. Término municipal de tierras llanas donde el sol pega de lo lindo en verano, pero que se puede mitigar con un baso de buen vino. Aun quedan buenas bodegas.

Y si por un casual te pones a hablar con algún vecino de la represión nazi-fascista y mencionas, por ejemplo, el Holocausto perpetrado en Alemania es muy probable que te contesten:

-¿Holocausto?... Holocausto en Moraleja.

Te quedarás sorprendido por la respuesta, pero si ahondas y te das, por ejemplo, con alguien, uno cualquiera, al que le hayan contado algo o él mismo haya pasado miedo o su familia y te quiera revelar lo que sabe, toda tu sorpresa se te disipará. No te hablarán de hornos crematorios, sino de llamadas a altas horas de la noche, de asesinados en las tapias del cementerio, de arrastrados en coche hasta morir desollado, de testiculos cortados metidos en la boca... ¡un rosario de salvajadas fascistas, falangistas o franquistas!.

En los últimos años Moraleja del Vino ha crecido mucho. Le ha pillado de lleno el boom inmobiliario. El atractivo: estar cerca de Zamora capital. Chalés individuales o adosados y hasta casas de varios pìsos han brotado como setas. Con todo, no ha perdido su personalidad original. Si acaso ha sido remozada la plaza con un paseo con árboles que protegen del calor a los jubilados o al viajero que, como tu, te acoges a su sombra.

En la plaza se alzan el Ayuntamiento, el templo de la Iglesia Católica, los bancos, las casas de los ricos y los bares más importantes.

El bar llamado Flamingo tiene un cuadro o tabla con un flamenco que sobresale cual bajorrelieve y una bandera republicana como fondo de pintura ondeando de arriba a abajo. Parece ser que un autor desconocido se la regaló a los dueños.

La iglesia parroquial, católica, apostólica y romana (su edificio) fue construida allá por 1770  y tantos. Es de piedra cuyo color es marrón cerveza a ratos. La corona dos torres de ladrillo de un rojizo añejado por el tiempo, donde han anidado las cigüeñas. Desde allí, desde la pingorota, asoman sus garabatos picudos y machacan el ajo. A las doce, tras las campanadas, se oye el tañido del ágelus. Tal vez en honor y gloria de los caídos por dios y por la patria (muertos del bando vencedor) en la guerra que emprendieran contra el gobierno legítimo de la República. Efectivamente, resalta blanquecina la lista de esos muertos en la fachada de la iglesia de un color marrón cerveza. Una visual demostración de adonde está el amor de esta iglesia: en el bando franquista.

Los 36 asesinados republicanos no aparecen en este templo. Las 36 víctimas del franquismo de Moraleja del Vino están en el recuerdo de las gentes del pueblo. No las ha olvidado. También se las recuerda a la entrada del cementerio, en una placa que las menciona como luchadoras por la democracia y la libertad.

Y si tu, desconocido viajero, ya que estás ahí, sentado en el poyo de la casa que mira frente a la fachada de la iglesia color cerveza y donde resalta el marmol gris blancuzco de la plaza en memoria de los vencedores muertos, te acercas a una calle que está en las traseras de la iglesia, la calle Flores, una calleja por donde apenas cabe a pasar un coche, podrás hablar con Doña Agustina Alonso González, quien ha vivido con el recuerdo de dos seres queridos asesinados: su novio y su hermano. Bueno, ya no podrás hablar con ella porque acaba de morir. Mas su historia te la puede contar cualquiera.

Posiblemente viajero te vayas de Moraleja del Vino con una impresión vivísima de la represión franquista, de la actitud de la iglesia católica, de la tremenda injusticia de no haber hecho un homenaje desde el estado a esas víctimas y por tanto te sonará a hueco la palabra reconciliación. En cambio crees haber entendido eso de:

-¿Holocausto?... Holocausto en Moraleja.

Si, lo habrás entendido. Mas te puedo decir que como a todo hay quien gane, pues en otro pueblo, también cercano a Zamora, El Perdigón, que tiene por cierto las bodegas más profundas que jamás hayas visto y buen vino, claro, si preguntas por este mismo tema, puede que te respondan:

-Afortunadamente, mi familia fue una de las pocas a quien no asesinaron a nadie, pero...

Roque Dalton: Consejo

por MarPita
viernes, 24 de julio del 2009 a las 22:31

CONSEJO QUE YA NO ES NECESARIO

EN NINGUNA PARTE DEL MUNDO

PERO QUE EN EL SALVADOR...

 

No olvides nunca

que los menos fascistas

de entre los fascistas

también son

fascistas.

 *

Revista 'Poesía libre', año V, número 14, marzo de 1985

Ministerio de Cultura

Managua

Nicaragua

El final inacabado del general Pedro de La Cerda

por MarPita
lunes, 01 de junio del 2009 a las 18:41
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Pedro de La Cerda

Si viniendo de El Escorial, por carretera, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, torcéis a izquierda (si lo hacéis desde Ávila a la derecha, claro)por un camino que conduce al Valladal podréis contemplar los más hermosos paisajes.

Puede que os sorprenda, metidos en el camino, el rótulo de una villa, 'La Cerda', apartada del camino a la derecha. Y es que su nombre llega al cerebro, claro, por si solo, sin mas, acompañado de gruñidos, hozando y revolcándose en la basura. Como una cerda. Aunque también, por qué no, aureolado de morcillas, chorizos, longanizas, jamones... Vamos, choca su nombre.

Como choca, recién llegados a Ávila, si te hablan así, de golpe, sin más, de la Virgen de las Vacas. Se toma a rechifla. O se cree que es algún choteo irreverente hacia símbolos de la religión católica, apostólica y romana. Unir virgen, todo pureza, con ese animal que enseña y arrastra sus tetas con impúdico descaro... Asociar a ese mamífero con la inmarcesible blancura de las vírgenes... Y no, no es eso. Que esageración por nuestra parte. Ni en un caso ni en el otro. Es una imagen venerada en un barrio de Ávila, en este caso. En el otro, 'La Cerda', es el apellido de un general que vivió por estos lares. Un militar cuya vida muestra algunos interrogantes y hasta misterios. Misterios que de desvelarse quizás desencantarían. O no. Vaya usted a saber.

Don Pedro de La Cerda y López Mollinedo -¡cazi na de corto!- nació un 19 de julio de 1871 en el pueblo de San Miguel, un arrabal de Manila capital de Filipinas. Siendo bautizado, nada más y nada menos, por el arzobispo de la misma capital. Su padre, Manuel de La Cerda y Gómez Pedroso, nacido en La Rochele (Francia) era militar de profesión con grado de coronel en el arma de infantería y capitán en la cabellería; su madre, sin embargo, Blanca López y Montón, era madrileña, española por tanto. Y del mismo centro patrio.

El árbol genealógico de D. Pedro está suficientemente documentado, detallado y pormenorizado hasta el extremo de saber la nacencia de sus abuelos tanto paternos como maternos. Pablo Herce, que ha investigado un poco a este general, dice: 'Los abuelos paternos son D. Manuel de la Cerda y Palafox y la Excma. Sra. Dª Candelaria Pedroso y Fidalgo, ésta natural de Madrid. Los maternos son el Excmo. Don Gregorio López-Mollinedo, de Madrid, y la Excma. Dª Petra Montón y Lagarriga, de Valencia.'

El hecho de seguir la carrera militar de su padre es algo muy normal, máxime cuando se es muy joven y los que deciden son los padres. Pero inluso muchos lo han hecho aun siendo mayores. Lo raro hubiera sido apartarse de esa saga familiar. A los 16 años ingresa en la Academia general Militar, saliendo, al cabo de 3 años, con el grado de alferez, a los 19 años cumplidos; y, con ganas de emular a los guerreros de la historia en sus hazañas bélicas, se apunta de inmediato en la Academia de Artillería y luego en la de Caballería. Asciende a teniente. Ya tiene cierto de grado de mando. A por más. De Filipinas a Cuba donde le suben un grado. Capitán. ¡Y por méritos de guerra! ¡En 1895! ¡El mismo año en que mataron los españoles a José Martí en Dos Ríos! Allí enferma. De Cuba no se olvidó nunca, jamás. En un libro que escribiera más tarde, ya cuarentón, junto con su esposa, hace un elogio de José Martí (*), el poeta cubano lider de la independencia, contra el que luchará, quizás sin saberlo, con las armas en la mano.

No se sabe si a causa de la enfermedad o porque lo solicitara, lo cierto es que las notas que hemos leído lo sitúan en España desde 1897 hasta 1902 y además desempeñando el cargo de Ayudante de Campo de su padre, para a continuación serlo, en ininterrumpida ascensión, del Teniente General Arsenio Linares Pombo a quien dedica una obrita 'Las armas de fuego a principios del siglo XX' en agradecimiento por los conocimientos que le ha sabido transmitir. El libro tiene cuatro apartados: 1º. Armas portátiles; 2º. Artillería de campaña; 3º. Vulnerabilidad; y 4º. Fuego en combate, métodos y conclusión en la que se refiera a su estancia en Cuba. El libro una especie de frontispicio introductorio copiando un informe del Ministerio de Guerra en el que se anuncia la concesión de la Medalla al Mérito Militar de primera clase, con distintivo blanco y pensionada, por su obra. Por si alguno tuviera interés en ella decir que fue impreso en Madrid en 1904 en los 'Talleres del Depósito de Guerra' y alude al autor 'como Capitán de Artillería y Agregado Militar a la Embajada de España en Rusia', en palabras de Pablo Herce.

Con anterioridad, en 1903, escribió dos obritas: a) 'La caballería en la batalla', consta de tres capítulos: 1. Principios fundamentales de combate; 2. Empleo de la caballería en la batall; y 3. Métodos de combator; folleto ilustrado de 15 páginas, compuesto en la imprenta 'El Trabajo', calle Guzman el Bueno, 10, de Madrid; b) 'Organización general de la defensa', separata de la Revista Técnica de Infantería y Caballería que consta de dos partes nada más: a) Sistemas de ocupación de las diversas posiciones; y b) Principios generales sobre la ocupación de posiciones; su impresión, como en el anterios en el taller tipográfico 'El Trabajo', calle Guzmán el Bueno, número 10 de Madrid.

Pablo Herce en sus apuntes sobre la biografia de D. Pedro de La Cerda realizados en Madrid en octubre de 2003 y que nos ha facilitado don Paco Correal añade que: 'en 1902 se traslada a París como agregado al 23 Regimiento de Dragones participando en unas maniobras; que en 1903 es Ayudante de Campo del Ministro de la Guerra; que el el mismo año se le nombra Agregado Militar a la Embajada de España en San Petersburgo donde estará hasta 1907; que durante su estancia en Rusia se le autoriza incorporarse al ejército zarista en la Primera División de Tiradores de Siberia Oriental como oficial extranjero a las órdenes del mariscal Sajarov y su Cuerpo de Caballería, participando activamente en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, en el Frente de Manchuria donde fue herido y condecorado.

Ya de vuelta a España se le destina a la Comisión de Límites en Portugal, donde permanece hasta 1912 año en el que pide permiso para casarse. ¡Es ya Teniente Coronel de caballería! ¡Ahí es na!

Efectivamente, en 1912 se encuentra en Madrid con caracter estable, dentro de la estabilidad que supone estar en un ejército donde hoy estás aquí y mañana... Dios dirá. Solicita permiso para casarse con Eugenia Lefevre Tourte, ciudadana francesa que vivía en Chantilly-G, departamento de Oise. Lo hace a Su Majestal el Rey (que así hacían los nobles y los altos oficiales del ejército) este teniente coronel llamado Pedro de La Cerda. Y su jefe superior, un general, a la vera de la instancia, apoya su pedido. Era el 1 de diciembre de 1912.

Se ignora si le fue concedido tal permiso. Como también se ignora se se casó de verdad. Ni cuando. Y por el el Acta de Registro de Nacimiento, firmada y rubricada por el alcalde de la localidad de Nouard-le-France, que es copia del texto original, parece casi imposible que pudiera casarse este general La Cerda, pues la tal Eugenia Lefevre tendría 10 años. Esto se desprende, sin ninguna duda de la copia citada hecha en el Consulado español de París el 30 de octubre de 1912 y legalizada por el Ministerio de Estado, organismo que hoy llamaríamos de Asuntos Exteriores, el 5 de diciembre.

Y salvo error de fecha contiene datos que hacen presumir que es verídico todo el documento. Así detalla que el alcalde del lugar certifica la inscripción en el registro de naciomientos de una niña recién nacida, venida al mundo el 19 de agosto de 1902 a las dos y media de la mañana en la rue des Petits-Bois, a la que le pusieron por nombre Noemie Palmire Eugenie. Eran sus progenitores Emil Zacharie Velère Lefèvre, de 21 años de edad y para más señas trabajador del Ferrocarril del Norte y Marie Eugenie Isoline Tourte, tres años mayor que el marido. Su residencia, ya nombrada, estaba en Nouard-le-France término municipal de la localidad de Saint- Just-en-Chaussée. También detalla el documento diciendo que fue testido de este hecho Juan Francisco Victor Tourte, un carpintero que, por el apellido, parece el padre alumbradora.

Bien, efectivamente no se ha encontrado escrito alguno que certifique el casamiento de Pedro de La Cerda y Eugenia Lefevre, pero si se ha hallado en el Registro de la Propiedad de Cebreros (Ávila) a su nombre, como compradora, la finca número 1449 conocida, entonces, como 'Los Golos' de la villa de Las Navas del Marqués, donde vivió la pareja, cosa que se sabe porque en un libro que ambos escribieran allá por finales de la decada de los años veinte del siglo XX lo dicen así: '"Todo llega en la vida: el 27 de julio de 1928, solitos y sin que nadie se apercibiese, partimos de nuestra casita 'Los Golos', situada en la Sierra de Malagón, a 1.400 metros de altitud, centrada en inmenso y delicioso pinar. Por la tarde, en la capital, recogemos nuestros bagajes, y el 28, temprano, en el rápido, camino de París.
Prosigamos la andadura de nuestro general. Es de suponer que todo este bagaje teórico y práctico desde que naciera en Manila pese en las autoridades político-militares y lo cierto es que lo nombran miembro de la Comisión de reforma de leyes militares, actuando al tiempo como vocal de la Comisión de Táctica y dirigiendo en Navalcarnero, pueblo de la provincia de Madrid, cursos de aplicación para los grados de capitán y teniente de artillería; pero también de Información para Jefes Militares.

Al decir de Pablo Herce: 'El expediente militar de D. Pedro de la Cerda termina bruscamente. Se suspende la relación de ascensos, cargos y servicios en 1920 (cuando el interesado contana 49 años) y falta el final lógoco de todo expediente: el pase a la reserva, la licencia indefinida, el fallecimiento'.

En 1927 emprende, con su esposa Eugenia Lefevre un viaje alrededor del mundo; viaje que recojen ambos en un libro titulado 'Viaje universal en busca de la verdad' que hemos leído. Y que nos sorprendió, para qué vamos a negarlo. No por su manera modélica de describir lo que veían, no; porque, tampoco vamos a negarlo, no es precisamente una joya de literatura de viajes, no; sino por su pensamiento, creemos, muy distante de lo que pensaban los altos mandos militares. De su lectura se pueden destacar algunas facetas de este general: que no se debía llevar muy bien con el ambiente político de su patria; es decir: con la dictadura de Miguel Primo de Rivera; igualmente su actitud crítica con el capitalismo en general y con el de Estados Unidos en particular al que apoda 'Yanquilandia'; su abominación de las guerras, como la de la Primera Guerra Mundial; acusa al capitalismo de esas matanzas; y al imperialismo; en su viaje constata la acción depredadora de los ingleses en paises como India, China, Indonesia... Y los efectos nocivos del dolar en América Latina.

Postura antiimperialista que, parece ser, acentúa en el libro 'El sol de los Soviets. La Tercera internacional social de Moscú frente a la internacional armada del capitalismo'. Libro de 287 páginas, editado por Impresora Castellana. Valladolid, 1931. Dedicado a D. Niceto Alcalá Zamora. Dedicación que firman Pedro de la Cerda y Eugenia Lefevre. El libro también aparece hecho por los dos. Tiene 28 capítulos. Donde describen las estructuras del régimen soviético y su funcionamiento. Lenin y Stalin no salen malparados, al tiempo que atacan, como en el anterior, al capitalismo.

El hecho de ser publicado en Valladolid nos hace suponer, (por lo que le leemos a D. Manuel Azaña en la obra 'Diarios 1932-1933. Los cuadernos robados') que el general La Cerda se hallaba en Valladolid de general de la República con mando en plaza: 'Cruz y Caminero comunican conmigo y ambos se quejan de la inacción de La Cerda. Llamo al teléfono al general La Cerda. Le informo de lo que se cuenta y le concedo 20 minutos de plazo para que vaya al cuartel de caballería y arreste a todos los que se encuentren en él no debiendo estar por razones del servicio. Prometo hacerlo así inmediatamente. Desde Gobernación me hablan de autos cargados de ofciales que entran en Valladolid; de una camioneta proc4edente de Burgos. El general La Cerda me llama desde el cuartel antes de que transcurran 20 minutos. En el cuartel no había más que los de servicio, y ninguna novedad. 24 de agosto de 1932 (página 43)

25 de agosto de 1932 (página 49): ' He recibido al general Cruz que manda la brigada de artillería de Valladolid. Me informa de lo ocurrido la otra noche cuando la última alarma. Y de la desatinada conducta del general de división La Cerda. El telegrama que este me envió en la mañana del 10 ya me puso contra él; pero los detalles de la reunión de generales, jefes y oficiales de la guarnición convocada por él en aquellos momentos son escandalosas. Le destituí por telégrafo. Ahora que ya está destituido es cuando se deciden a contarme que con ocasión de la fiesta de aniversario de la República, La Cerda dijo que este era un gobierno de zascandiles. La Cerda es un incapazsemiloco. Un desastrado hasta en el vestir. Tiene una finca en Las navas. El general practica el naturismo y se pasea desnudo por el pinar. A cierta distancia va un asistente advirtiendo a los veraneantes:

-Apartense, que viene el general en cueros.

Aparte del cotilleo sobre la vida privada de D. Pedro de La Cerda las palabras de D. Manuel Azaña indican el malestar del ejército que en rumores más o menos fidedignos hasta él llegaban; de reuniones en algunos establecimientos castrenses donde se criticaba a la II República; también nos muestran a un general como conspirador. Pero, ¿en qué dirección conspiraba? Hay que decir que en aquel momento se juzgaba a Sanjurjo por su intento de golpe de estado y unos abogaban porque se le fusilara y otros que se le perdonara la vida; en eso andaban los ánimos encrespados; hasta en el Consejo de Ministros se mostró la división, saliendo al final mayoría que fuera perdonado. Por el libro que hemos leído, 'Viaje universal en busca de la verdad', no parece verosímil que el general se encaminara a posturas fascistas. Las ideas que se desprenden son más bien de tolerancia, respeto, fraternidad de hombres y culturas, convivencia respetuosa con ideas de todo tipo... no se metería por tanto en caminos muy derechosos; mas bien se escoraría hacia la izquierda política; en todo caso, dentro de su cristianismo, nos inclinamos a pensar que era masón; eso si, sin tener más que sospechas, o vislumbres, o indicios... conjeturas todas sin base muy firme.

Pero dejemos las sospechosas neblinas y vayamos a los hechos comprobados de su biografía: en 1934 se halla dirigiendo la represión contra los mineros asturianos en la llamada Revolución de Asturias; así escribe Luis Carlos Sen Rodríguez en el Nº 63 (30 de junio de 1986) de "Tierras de León", revista editada por la Diputación de León: 'Desde los primeros momentos de la revolución el mando de las tropas acantonadas en la provincia fue ostentado por el general de la Octava División, Pedro de la Cerda, mientras que al frente de las fuerzas que efectuaron la represión en el valle de Sabero se encontraba el capitán Ramón Cifuentes, capitán de Infantería perteneciente al Batallón Ciclista".

Y hemos leído en Internet: 'el general Batet va ser nomenat Cap de la 6.a Divisió Organica, en substitució del general Pedro de la Cerda y López de Mollinedo'?... Lo que la historia dice es que Domingo Batet, el general Batet, fue fusilado por Franco al permanecer fiel a la República: 'fue fusilado el 18 de febrero de 1937, a pesar de las gestiones que, en su favor, llevaron a cabo los generales Queipo de Llano y Cabanellas. Franco hizo caso omiso de las peticiones de Queipo de Llano en favor de su amigo Batet en venganza por la negativa de aquel a perdonar la vida en 1936 del general Campins.'

Quizás tenga relación con todo lo anterior este documento que encontró Pablo Herce fechado en 1935: 'El encargado de la Subsecretaría del Ministerio de la Guerra, Sección de Personal, se dirije por oficio al General de la Octava División Orgánica para responder a un escrito de éste, fechado el 9 de febrero del año señalado. Dicho oficio lleva la del 28 del mismo mes.

Al parecer, el General de la Octava División, ante la invitación de la Superioridad para proponer personalidades que pudieran ser merecedoras de recompensa, señala que el 'Gneral de División Don Pedro de la Cerda y López-Mollinedo, al iniciarse el movimiento subversivo del mes de octubre (se refiere obviamente a la revolución de Asturias de 1934) y durante el periodo álgido desempeñaba el mando de la misma (la Octava División), contrayendo méritos que pudieran ser merecedores de recompensa.

A dicha sugerencia responde el Jefe de Negociado Segundo de la Sección de Personal, D. Rafael Fernández, que 'este Ministerio ha resuelto no ha lugar a concesión de recompensa a favor del expresado General'.

Nada hemos averiguado de su actuación durante la guerra del 39-39. Solo esto que aparece en la Red: 'Prensa de Madrid de 26-julio-1936: El General republicano don Pedro de la Cerda, que veraneaba en Las Navas del Marqués, se adueñó del pueblo en nombre de la República al frente de las fuerzas milicianas y reduce a la Guardia Civil, cuyos números fueron asesinados'.
¿Qué prensa? No lo dice. Aunque suponemos por la frase 'cuyos números fueron asesinados' que debía ser fuente no republicana. ¿Encabezó a los milicianos?... Por estos lares de Las Navas del Marqués nadie sabe nada de esto.

Desde entonces parece como si se lo hubiera tragado la tierra a él y a su esposa. Ni aparece fecha de su muerte, ni lugar de enterramiento. Misterio.

Tal vez algún día, algún allegado nos facilite estos datos; en ellos veremos a La Cerda aureolado de encarnados chorizos, de rojizas longanizas, de suculentas morcillas, de sabrosos jamones... Aunque también podría ser que lo atisbáramos revolcándose en la basura u hozando en la mierda. La Historia, maestra de la vida que dicen, nos muestra ambas posiblidades.

Viajero que vienes de El Escorial, por carretera, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, tuerces a izquierda (si procedes de Ávila lo haces, claro, a la derecha) por un camino que conduce al Valladal podrás contemplar muy hermosos paisajes.

Puede que te sorprenda, metido en el camino, el rótulo de una finca, 'La Cerda', apartada del camino a la derecha. 'La Cerda'. Antaño se llamaba 'Los Golos' y fue comprada por el general Pedro de la Cerda y su esposa Eugenia Lefevre. Dicen que en noches muy calurosas y en días muy fríos se aparecen desnudos cogidos de la mano añorando el calor de Filipinas y el frío de Siberia.

__________

(*) En América son muy escasos los que niegan el caracter de guerra civil a las que, por su independencia, sostuvieron las actuales república hispanoamericanas. José Martí, con profundo y sagaz conocimiento de la historia española, demuestra que nuestras guerras civiles, de las comunidades castellanas contra dinastías y gobernates extranjeros, emigraron a las Indias, a medio descubrir y conquistar, con Aguirre, Los Pizarro, Almagros y el viejo Carbajal; quienes se alzaron, en América, contra los despóticos Césares austricos, como hicieron en Castilla Padilla, su mujer heroica y el fiero obispo Acuña.

*

Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre en 'Viaje universal en busca de la verdad', página 31, 32, 33, capítulo IV; CIAP (Compañía Ibero-Americana de Publicaciones), Buenos Aires, Barcelona, Madrid, 1930.

El gran Carbajal, veterano del saqueo de Roma y de Pavía, propuso a Gonzalo Pizarro, para colmar su rebeldía, que se casara con la hija del Inca y se proclamara Señor del Perú independiente. Carbajal, insigne entre los más insignes conquistadores, a los ochenta años de edad fue ahorcado por Lagasca.

Narra, exactamente coómo el mallorquín Juan Picornell fue desterrado a Panamá, con otros dos conspiradores, Lax y Andrés, y a Portocabello el cuarto condenado a muerte, Cortés. Después de novelesca salvación, se juntaron el Venezuela y auxiliaron a los libertadores Miranda y Bolivar. Fueron estos españoles, de la vieja España, los primeros que se unieron a los insurgentes en lucha con los realistas. No eran todos americanos los que luchaban por la emancipación, contra la tiranía hispana; ni españoles todos los titulados realistas, huestes mercenarias en las que no escaseaban los criollos. Por la Constitución lucharon: La Serna, virrey del Perú; Valdés, Canterac, Rodil y otros muchos, que se batieron en Ayacucho, frente a Sucre. Rememora la heroica campaña por la libertad de Méjico de nuestro insigne guerrillero de la Independencia Francisco Javier Mina.

Las obras completas de José Martí recogen los discursos del adalid de la palabra, la pluma y la espada de la República de Cuba; en varias de sus disertaciones insiste y hace la debida distinción de los españoles.

En el discurso conmemorativo del grito de Yara, indepencia de Cuba, pronunciado en el Gran Centro de Nueva York, dice textualmente: 'Reconocemos -¿cómo no hemos de reconocerlo recordando a Mina en Méjico, a Gainza en Guatemala, a Villamil en Cuba, al gallego Insúa en Nueva York?-, reconocemos el valor político del esspañol amigo de la liberttad, que la deja franco el paso sin oponerse a sus triunfos; nuestra profunda estimación por el español bueno y libre, sólo iguala nuestra determinación de arancar de raiz, aunque se queje la tierra, los vicios y las vergüenzas incomparables con que el español malo nos pudre'.

En otro de sus discursos, pronunciado en Tampa -velada conmemorativa del fusilamiento de los estudiantes de Medicina perpetrado en La Habana el 27 de noviembre de 1871-, hace una salvedad, muy honrosa, para quien se opuso a tanta crueldad reivindicando la honra española. Dice lacónicamente: 'Recordaré al bueno y magnánimo español, huesped inolvidable sea de todos nuestros hogares, laureado aquí en efigie junto con el heroico vindicador, quien en los dientes de la misma muerte, prefiriendo al premio del cómplice la pobreza del justo, negó fervoroso su espada al asesinato. Dicen que altivo sufre, comido de pesar, en el rincón donde apenas puede consolarlo la cólera del vencedor pudiente de los vencidos miserables. ¡Sean para el buenespañol, cubanas agradecidas, nuestras piadosas y más hermosas flores'.

Para terminar esta demasiado extensa afirmación, nunca olvidaremos el dolor profundo que percibió, al conocer la muerte del doctor José Martí -en el combate de Dos Ríos, Ventas de Casanova, junio de 1896-, el noble general don Anselmo Martínez Campos. Este hombre bueno, que escribió con sus hechos la historia contempóranea de España, modelo de patriotas y soldados, virilmente afirmó siempre que en todas las rebeliones y sediciones era la causa y pertenecía toda la culpa al jefe autoridad; sintió bien la pérdida del semejante bueno, sin fanatismos, con quien era posible entenderse para la paz y bien de todos.

Y no es preciso cansaros más, lectores amables,; las obras y conducta del doctor Martí integran el espíritu reinante desde la Pampa hasta la Sabana; indudablemente muy distinto del que domina en cámaras y camarillas de déspotas sembrados y serviles asalariados en su opulencia, en su vivir. Las hallaréis en todas partes, modestas estancias y humildes bohíos: constituyen y fundamentan el amerispanismo (sic) de la Amerispania (sic), concepto más piadoso, más justo, exento del vanidoso y común Hispanoamérica, que sufren colmados los primitivos poseedores de la tierra, aunque se pudran hartos.

Escrito este libro en castilla-español (sic), nunca por otras razones, expuesto al concepto espiritual iberoamericano, queremos dedicar especial recuerdo a síntesis, tan debatida, como los aprecios universales de historia hispana en América, investigada y estudiada sinceramente: ocultarse es engañar, además es pueril y falaz; reconocer errores es vital regeneración, única que puede salvar, con nobles rectificaciones en sus enseñanzas, es siempre la redentora Verdad."

Iswe Letu: En las Navas, la Calle de la Barbuda

por MarPita
domingo, 24 de mayo del 2009 a las 21:14
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Las calles tienen rostro, cara, faz... A veces jeta cejijunta. Muy diversas. Y nombres.

Los hombres, las personas, los individuos, de forma similar, también se diferencian por las formas de su cara; que unas veces son luminosas, risueñas... otras serias, y hasta siniestras. Hay numerísimas. Casi tantas como humanos han sido paridos por sus madres. Tienen sus nombres. Se nos hacen familiares a lo largo de la vida. Convivimos con ellos. Destacan, o los hacemos destacar, por algunas características. Resaltan, o resaltamos, por su valentía, por ejemplo; o por su mezquindad; o por su cobardía; o por su chulería... Los hay que llegan a ser líderes de la comunidad y se comportan como tal dando el callo, arrimando el hombro, en cualquier ocasión que se presente; escuchando, pensando y decidiendo sobre asuntos que traen el bien de las gentes. Se ganan, día a día, el cariño de sus conciudadanos. También los hay que solo son pura fachada y que luego de encumbrados se vuelven prepotentes. Y más. A esos los detestamos.

Pero hay otras personas, individuos, seres humanos, que en su apariencia no sobresalen, no destacan; pasan a nuestro lado y no nos damos cuenta de su andadura; son como esos animales que se hacen tan parecidos al entorno que pasan desapercibidos. Andan entre la colectividad sin ser notados. Pero la experiencia nos enseña que las apariencias engañan. Si por un casual nos acercamos a ellos, conversamos, los tratamos, descubrimos un verdadero tesoro, una gran riqueza interior pues saben escuchar, son amables, cariñosos, sinceros... Y lo trasmiten a su círculo. Del que a su vez se enriquecen. Viven en armonía con todos formando una piña. Su estatura se agiganta con el trato continuado. Pero no sobresalen. Ni quieren.

Es así la vida de multifacética.

Con las calles pasa algo de modo similar. Las hay que destacan enseguida por su hermosura, su claridad, su amplitud, su vegetación. Otras porque son inhóspitas, oscuras, tenebrosas y hasta siniestras.

En cambio las hay que no muestran nada en un primer momentos. Hemos pasado al lado y ni nos hemos dado cuenta de que estaban ahí. De modo que muchos ni las conocen.

Paseando por calles y callejas de Las Navas del Marqués un día nos metimos por una calle, 'La Barbuda'. Así se rotulaba la calle. Veníamos de otra bautizada como 'Cal y Canto' que no hacía honor ni a la cal ni al canto. Quizás algo a la cal. Es una calle de la parte con más apariencia de pueblo. Las Navas, en estas calles, muestra su origen campesino. Y hasta histórico. Así: calle el Romano, Huertas...; casas de un solo piso, poyos arrimados a la pared de las casas, hierbas en las aceras, algunos tiestos, casas derrumbadas y la calzada con el piso agrietado, cuarteado a tramos...

En fin, poco que ver con esta 'Barbuda' que se abre ante nosotros con más amplitud en su calzada.

Al poco de transitar por ella notamos un no sé qué nos hace pararnos. Y de pronto caemos en la cuenta: su silencio. Eso es: el silencio nos acoge, nos saluda. Se inclina ante nosotros. Proseguimos, dándonos cuenta que no tiene poyos. Los edificios no son casas con jardines delante. Tampoco son muy altos. Pero, como venimos de un barrio de casas bajas, notamos la altura, que se nos echa encima, mas sin aplastarnos. Acogedora. Los ¿saledizos? -¿se dice así?- son como si los vecinos quisieran salir a reverenciar al visitante.

Poco antes de una curva, a la derecha, hay una casa en ruinas donde estan apiladas unas piedras parecidas a poyos. Estarían mejor junto a las casas.

Pasada la curva, esa impresión de acogida se incrementa justo junto a la parte de atrás del mercadillo. Porque esta calle tiene la ventada, añadida al silencio, de tener un edificio, de granito para más señas, que es mercado semanal. Y a esa altura el silencio se rompe una vez a la semana acogiendo el bullicio de vendedores y compradores.

Enfrente de las traseras de la lonja mercantil dos o tres casas tienen un colorido que sobresale; sobresaliendo doblemente por el colorido y por las verjas de balcones y ventanas.

Luego, la 'Barbuda' enprende la subida hacia la 'Plaza de las Tres Cruces'; plaza donde nuestro amigo Arcones hizo tres esculturas en las que la cruz está en el puño de la mano. Nos explicó que en muchos pueblos de Castilla hay tres cruces y marcan la entrada al pueblo. Muchas de estas cruces son célticas. Cruces de este tipo son enseña de grupos nazis. Nuestro amigo el escultor no lo es. Simplemente procuró investigar antes de crear las esculturas.

Decíamos que la calle emprende una subida para lo cual no se le olvida de jalonar la empinada cuesta con poyos. Las casas pierden altura. Casas blancas orientadas al sol, al sur, con árboles en las aceras. Un encanto.

La calle de la Barbuda aunque en esta parte tenga árboles en el resto no. La haría aun más acogedora con árboles. Otra virtud es que las aceras no están hechas para borrachos. Es tan irregular el piso de algunas de ellas, en tramos concretos, que, en noches de ebriedad, los borrachines o borrachinas, pueden dar con sus elucubraciones mentales en el suelo y llenar de estrellas, al estrellarse, el coco del  (o de la) tambaleante pasajero/a. E írsele la mamada, en un instante, con las celestes luminosidades. Malo para ellos al llenársele el cerebro, como se les llena, con la clara realidad de una crisis, ccon su cortejo de paro y de necesidades elementales, donde no caben nebulosas celestiales.

Y para los ancianos, por tanto, tampoco están hechas estos tramos de aceras.

La cuesta sube, si. La calle, no. Se le atraviesa 'Las Tres Cruces'. Es curioso cómo una simple travesía haya robado a la Barbuda su nombre haciéndola fenecer. Pero es así. ¡Ay, amiga Barbuda, con la iglesia has topado como Sancho Panza y Don Quijote!

Pero además, ya sabes, lo dice el refrán: contra la Iglesia y la Inquisición, chitón.

Nosotros torcemos a la derecha.

¿Para qué seguir más si no hay poyos en la calle de Las Tres Cruces?

Antes de desembocar en la Plaza del Cristo de Gracia, o de la Salud o..., a la derecha, hay una calle de corto recorrido, calle del Almendro.

Solo los pájaros cantan con nostalgia la desaparición de estos árboles.

Al parecer.

¡Ah, los almedros!

Murieron.

Como la Barbuda.

 

 

Goethe: Del derecho no se trata jamás

por MarPita
martes, 05 de mayo del 2009 a las 17:38

MEFISTÓFELES (disfrazado de Fausto):

"Leyes y derechos herédanse de generación en generación como un mal inacabable que se desliza de un lugar a otro. La razón llega a transformarse en delirio; la buena acción en una plaga. ¡Ay de ti, que te tocó ser nieto! Del derecho que brotó con nosotros, de ése, ¡por desgracia!, no se trata nunca, jamás!"


Goethe: Fausto, 1ª Parte, Escena IV.

[GOETHE]

Iswe Letu: Encuentro en Las Navas

por MarPita
martes, 28 de abril del 2009 a las 12:44
guardado en

Después que la conociera en la presentación de un libro y tomaran unos vinos por tascas de Madrid, se interesó por Las Navas del Marqués. Por eso se llegó hasta allí. En fiestas. Reconoce que lo suyo no son las llamadas fiestas 'populares'. Subraya lo de 'popular' porque no es el pueblo quien las organiza sino conspicuos caciques. La asistencias a estos sucesos lo hacía casi siempre obligado. Y al poco de llegar al lugar que fuera ya estaba apartado del jolgorio, del bullicio, perdiéndose por calles o callejas que nadie, o pocos, hollaban en tales momentos. Y siempre acompañado de sus ensoñaciones. A Las Navas del Marqués acudió voluntariamente sin que nadie le empujara.

-Bueno, se dijo para si, siempre hay algo que te incita; en este caso la moza y el conocido romance tradicional castellano que se conservaba en la localidad, Gerineldo; que allí llaman 'baile de tres'; un poco verde en su tiempo: '¡Gerineldo, Gerineldo! / ¡Gerineldito pulido! /Quién te tuviera esta noche / unas horas a mi albedrío'. ¡Si. Quien te tuviera unas horas a mi albedrío! Pues eso... Aun tiene su verdor.

El romance navero parece que lo descubrió, según le dijo la chica, Menéndez Pidal. Y lo decía con ardor. Quizás empujada por el romance. O eso es lo que él creyó.

Unos días después leyó el programa de festejos que, por lo que se ve, le había dado ella... Pero no recordaba el momento... Sabe, es cierto, que llegó un poco mareado a casa... Subrayó lo interesante o curioso según su punto de vista:

1er. día: concierto de la banda municipal 'que dirige el competente maestro Saulo Sánchez'.

2ª día: 'Repique de campanas, disparo de bombas y alegre diana; tradicional Asamblea de la Archicofradía presidida por el Presidente Perpetuo, el excelentísimo S. D. Manuel Delgado Barreto'.

3er. día: Concurso de belleza y fealdad con premio a la chica más guapa y al chico más feo.

8º. día: Carrera de burros y 'baile de tres'.

9º. día: Comedia titulada '¡Pase usted la jaca, amigo!' y un entremés de D. José Jackson Veyán. 'El producto de la fiesta se destinará a los pobres de la villa'.

-Por cierto -se preguntó al leer lo de Delgado Barreto- que hace por Las Navas este destacado fascista, provocador y gracioso de pacotilla. Recuerdo que el otro día venía en su periódico un artículo referido al poeta Lorca con el título 'Federico García Loca' ¡Qué cabrón! ¡Vaya personajes que andan por ahí!

Estuvo dudando en si ir o no ir. Al final cogió el tren.

Llegó el 4º día. A las 5 de la tarde, como en el poema de García Lorca. Y a esa hora había algo en plaza de toros: un émulo de Kronne 'presentará su colosal Circo en el cual figurarán las más terribles fieras y los más acreditados' tontos, pollospera y...'

-Conmigo que no cuenten.

Se hospedó en la fonda La Florida de la Calle Real. Paseó por la rua principal llena de chiringuitos y abarrotada de gente. Sobresalían por su corpulencia y elevada estatura los emigrantes rumanos. Rubios y sonrosados.

Al poco se desvió del bullicio general y se vio metido en calles o callejas solitarias. Recuerda que en una pared pintada de azul ponía 'Mezquita de la Paz'. De su puerta salían, es un suponer, devotos musulmanes: tez bronceada, pelo y bigotes negros y algunas barbas floridas.

Siguió adelante deteniéndose un poco en un espacio que consideró recoleto, agradable, solitario. Plaza del Velón rezaba. Y estaba rodeada de dos casa abiertas, dos cerradas y un muro casi cubierto de enredaderas, tras del cual trepaban hasta el cielo algunos árboles.

Se acostó temprano y tuvo un sueño del que sacó la conclusión, nada original por cierto, de que en la información que nos dan muchas veces esconden la verdad con inconfesables intenciones.

Sueño que, al día siguiente, estando en la esquina de la avenida principal con la de Antonio Peña Segovia, le venía a la memoria de cuando en cuando, mientras miraba el ajetreo de las gentes. Iban llegando carretas engalanadas y burros enjaezados quienes más tarde, según el programa, emprenderían camino del Valladar que debía ser un lugar del término municipal. Allí habrá comida. Comida 'el que la lleve o la haga y ya se sabe que el que la hace la paga'. Pero no se queda esa cabalgata con el solo condumio, no. Anuncian 'bailes, gallinita ciega, cuatro esquinas, partidas de mus, pesca de merluza y demás entretenimientos campestres'.

Este espectáculo le aburría. Lo que buscaba no aparecía y para el romance, para el 'baile de tres', faltaban dos días que le iban a resultar eternos. Se estaba arrepintiendo de haber ido.

Junto a él se arrimó a la pared un numeroso grupo de marroquíes, argelinos o... vete tu a saber: en pocas palabras moros o árabes. Al que se juntaron otros tantos coterráneos saludándose con la mano uno tras otro. Un buen rato. Siempre le había chocado esos gestos tan ceremoniosos o protocolarios. Quizás fueran propios de su cultura o de la alegría de verse con otros miembros de su patria en tierra extraña.

La cabalgata inició su marcha y él se dirigió a una calle paralela a la principal, Juan Fernández Yagüe. Parece ser que fue un cura este señor. Entre fascistas y curas está lleno el pueblo. El día estaba fresco y pasó a la acera de la derecha que daba a la solana.

-Me calentaré sin quemarme.

Lo decía por el sueño que ahora volvía a sus mientes. Era un sueño que, como siempre le pasaba, el principio se hundía en una nebulosa de inconcreciones, de un detalle poco preciso, algo cierto que se le escapaba y al mismo tiempo creía saberlo. Palpaba el suelo porque había peligro de que se le calentara en exceso. y muriera achicharrado alguien. En concreto su madre. Pero alguien más. Su madre que estaba en un lecho, en una cama. Continuamente acudía a tomar la temperaura. Comprobaba inquieto que, efectivamente, quemaba. Sabían que cocía la tierra. Se levantaba en burbujas. Hasta que una vez, comiendo o cenando, la televisión revela el misterio: estaban en zona propicia a movimientos sísmicos. Alguien dijo que al excabar habían descubierto la lava al flor del aire y se había dedicado a taparla con un bloque de hormigon. Y así la habían dejado. Es decir estaban encima de un infierno y serían condenados. Si nadie lo remediaba.

Aunque los sueños parecen siempre, o casi siempre, ilógicos, los suyos no tenían un desarrollo completo de trama. Solo jirones. Lo que le dejaba confuso.

El aire movía las ramas de los árboles produciendo un sonido de caducidad. El verano se terminaba. Miró al fondo de la acera. Nadie. Hasta él llegaba, eso si, el rumor sordo del gentío pero como acolchado. Por lo que estaba a gusto. Y el sol bañando su cuerpo de calor ayudaba a este estado de bienestar.

-Por una de estas casas, pensó, vive la madre de Concha Barbero. No todo son curas y fachas.

Una escritora que conocía y había escrito un libro, 'Palabras para el bienestar'. De una linealidad, sencillez y claridad admirables.

A lo largo de la acera había bastantes poyos. Se sentó en uno que tenía forma de sofá, con respaldo inclinado y todo, Solo faltaban los brazos.

Miró a izquierda y derecha. Nadie. Por la acera de enfrente, por la umbría, caminaba un hombre, andar cansino, rostro triste, cabeza calva, bronceado. Recordó haberlo visto salir de la mezquita. Lo siguió con la vista. Se fijo en la cruz gamada pintada en la pared. Sus brazos parecían uñas. Aunque él nunca supo en que dirección tenían que tener los brazos, si se dio cuenta que parecían unos brazos crispados. A continuación se leía una pintada: 'En esta calle algunas piedras son más duras que el alcalde'. El hombre se alejó.

Cruzó los brazos. Cerró los ojos. Así debía ser la vida: ajena a conflictos. Un mundo donde el sol calentara los cuerpos llenándolos de bienestar. Un estado de placentera bonanza. Para recitar a Porfirio Barba Jacob: Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos,/niñez en el crepúsculo, laguna de zafiro/que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, /y hasta las propias penas nos hacen sonreír...// Puro espíritu. Sin nazis, ni racistas, ni caciques. Bogando con barcaza por un mar en calma chicha.

Se dejó llevar por olas de mansedumbre, hasta que unos gritos le sobresaltaron logrando que sus ojos se abrieran a la cruda realidad de un mundo sin firmamentos angelicales. Los gritos siguieron, aunque menos fuertes. Luego el silencio, la paz, volvió a la calle Juan Fernández Yagüe. El eco de la cabalgata se iba apagando.

Se levantó del poyo y prosiguió su andadura acera adelante. ¡Aun dos días hasta contemplar el 'baile de tres'! Y sin un conocido con el charlar. No había calculado bien el viaje. El pueblo era pequeño, pero no tanto como para encontrar facilmente aquello que buscaba. Aparte de que, si tuviera que describirla, tampoco sabía. Por no acordarse no se acordaba ni que le había dejado el programa de fiestas. Ni su nombre.

Se sentó en otro poyo. Este, si, tenía brazos. Uno solo. En la parte derecha. Un poyo cuyo brazo hacía esquina con una calleja. Calleja que atravesaba la calle y continuaba hasta la avenida principal. Ya apenas pasaba nadie. Estarían todos camino del llamado Valladar. Y él aquí solo. Bueno solo no, más adelante estaba una mujer sentada en otro poyo con una maleta al lado. Sola como él.

-Esperará a alguien -pensó.

En este tramo de la calle había varios poyos separados por escaleras de entrada a las casas. Y dos de estas escaleras estaban artisticamente adornadas y pintadas de un marrón claro tirando a naranja. Un sencillo apéndice arquitectónico, este de los poyos, cuyo fin era el descanso a la atardecida, incluso a la noche, en charla amigable con el vecindario. Como una terraza para la gente del pueblo. Unos sillones pétreos pero que, con una almohada, dejan su dureza. Poyos donde se fraguaron amores. Donde se tramaron traiciones. Donde se criticó o se ensalzó la labor de gobernantes nacionales y municipales. O se recitaron poesías o se contaron chistes. Donde se derramó lágrimas. O se prorrumpieron carcajadas. En fin, o se esperó la muerte.

Habían pasado varios vehículos y la mujer seguía sentada. Con su maleta al lado. No debía ser del lugar porque sino estaría en marcha camino de la romería. ¿Qué haría allí? Parecía un poco triste. ¿Triste? ¿Desde donde él estaba había captado su estado de ánimo? ¿Que datos tenía para hacerle sacar esa conclusión? Ninguno. No eran muchos metros, pero, aun así, no podía captar su rostro con claridad. Fantasmas de su imaginación. Siempre con sus ensoñaciones. El silencio ahora era casi total. Excepto el rumor de las hojas de los árboles, nada enturbiaba ese silencio. De las casas, todas con las ventanas cerradas, no salía voz alguna. El pueblo se había vaciado en romería.

Miró hacia la mujer. Seguía impertérrita. Mirando al frente. A la calzada. Y con la maleta al lado. De pronto, él se dió cuenta golpeándose en la frente:

-¡Claro! La han echado de casa. Los gritos decían: '¡Que te vayas de una puta vez, coño! Claro...

Pero... ¿y a él qué le importaba? Nada. Absolutamente nada.

Aunque... esa indiferencia no era precisamente la base por la que se guiaba. Ni siquiera era una característica de la cultura que había mamado. Los quijotes -podrán reirse los que lean esto- eran semillas sembradas en los campos de España. Y era español. Y a mucha honra. Y con eso no quería transformarse en un nacionalista, no, pues ese quijotismo fue elevado a categoría de generosidad universal desde que Cervantes lo pariera. Todos los pueblos del mundo lo tiene como suyo. E incluso poseen su quijote particular.

Sin ir más lejos el poeta martiniqués Aimé Cesaire había dicho (y eso que su morada, en las Antillas, estaba alejada miles de kilómetros del hogar patrio español y separado, para más inri, por el mar océano)aquello tan quijotesco:

-No te guies por la actitud de espectador pues un hombre que grita, una persona que sufre, no es un mono que danza.

-Asi que -se dijo- levanta el culo de este poyo. Y acércate a apoyar o a animar o a consolar a esa dama que, allí, triste, se ve. Tienes suficientes datos, suficiente información. Casi toda. No como en el sueño, al principio. Sino al final.

Opoyándose en esa apoyatura, se dirigió a la mujer que seguía sentada pocos metros más allá. Llegando a su altura su timidez le empujó a pasar de largo y contestar débilmente al saludo de ella.

¿Qué mas quería saber? ¿Qué necesitaba para darse cuenta de que la pobre mujer se sentía sola y abandonada? Se dio cuenta de que el saludo quería decir algo. Era una invitación a que socorriera su desgracia. No podía permanecer indiferente en actitud de un espectador. Ni hablar. Era una cuestión de principios.

Dio la vuelta. Se acercó, La miró y le dijo:

-Hola.

-Creí que no me habías conocido.

-Tu cara me resulta conocida.

-¿Conocida? ¡Pero tú de qué vas, tío!

-No sé... que quiere decir.

-¡Vamos ya! Nos conocimos en Madrid. En la presentación de libro de José Esteban.

-¡Claro! Y de Urbano Blanco Cea.

-Y pasabas de largo. A pesar de aquellos vinos que nos tomamos...

-Recuerdo que me hablaste del 'Baile de tres'...

-¡Qué cabrón! Y se hacía el despistado. ¡Joder!... ¿Que coños haces en mi pueblo?

-¡Bueno, bueno!... Nada. Buscándote. ¿Y tu, qué haces con esa maleta?...

-¿Me buscabas a mi?... ¡Que risa!

-En serio. Te lo digo en serio. ¿Te ibas de viaje?

-Has dicho bien: me iba... a Madrid. Ahí viene el Sindo.

-¿Quién es Sindo? ¿Tu novio?

-¿Mi novio? ¡Si seré gilipollas!... No, es el conductor del autobús.

-¿Gilipollas?... ¡Que cosas!... ¿El coche va a la estación?...

-Si. Hacia allí se dirige. ¿Te vas?...

-Me vuelvo a Madrid. Aqui ya no tengo nada que hacer.

-Yo me quedo. Tampoco tengo ya nada que hacer en Madrid.

Frantz Fanon: El plano fantasmagórico (y II)

por MarPita
miércoles, 08 de abril del 2009 a las 12:40

Franz Fanon: El plano fantasmagórico (II) (*)

De cualquier manera, en la lucha de liberación, ese pueblo antes lanzado a círculos irreales, presa de un terror indecible, pero feliz de perderse en una tormenta onírica, se disloca, se reorganiza y engendra, con sangre y lágrimas, confrontaciones muy reales e inmediatas. Dar de comer a los con mudjahidines, apostar centinelas, ayudar a las familias carentes de lo más necesario, reemplazar al marido muerto o prisionero: esas son las tareas concretas que debe emprender el pueblo en la lucha por la liberación.

En el mundo colonial, la efectividad del colonizado se mantiene a flor de piel como una llaga viva que no puede ser cauterizada. Y la psique se retracta, se oblitera, se descarga en demostraciones musculares que han hecho decir a los hombres muy sabios que el colonizado en un histérico. Esta afectividad erecta, espiada por vigías invisibles, pero que se comunica directamente con el núcleo de la personalidad, va a complacerse eróticamente en las disoluciones motrices de la crisis.

En otro ángulo, veremos cómo la afectividad del colonizado se agota en danzas más o menos tendentes al éxtasis. Por eso, un estudio del mundo colonial debe tratar de comprender, forzosamente, el fenómeno de la danza y el trance. El relajamiento del colonizado es, precisamente, esa orgía muscular en el curso de la cual la agresividad más aguda, la violencia más inmediata se canalizan, se transforman, se escamotean. El círcula de la danza es un círculo permisible. Protege y autoriza. A horas fijas, en fechas fijas, hombres y mujeres se encuentran en un lugar determinado y, bajo la mirada grave de la tribu, se lanzan a una pantomima aparentemente desordenada, pero en realidad muy sistematizada en la que, por múltiples vías, negaciones con la cabeza, curvatura de la columna vertebral, inclicación hacia atrás de todo el cuerpo, se descifra abiertamente el esfuerzo grandioso de la colectividad para exorcizarse, liberarse, expresarse.  Todo está permitido... en el ámbito de la danza. El montículo al que han subido como para estar más cerca de la luna, el ribazo en el que se han deslizado como para manifestar la equivalencia de la danza y la ablución, la purificación, son lugares sagrados. Todo está permitido porque, en realidad, no se reúnen sino para dejar que surja volcánicamente la líbido acumulada, la agresividad reprimida. Muertes simbólicas, cabalgatas figuradas, múltiples asesinatos imaginarios, todo eso tiene que salir. Los malos humores se derraman, tumultuosos como torrentes de lava.

Un paso más y caemos en pleno trance. Es vedad, son sesiones de posesión-desposesión las que se organizan: vampirismo, posesión por los djinns, por los zombis, por Legba, el dios ilustre del Vudú. Estas trituraciones de la personalidad, esos desdoblamientos, esas disoluciones cumplen una función económica primordial en la estabilidad del mundo colonizado. A la ida, los hombres y las mujeres estaban impacientes, excitados, 'nerviosos'. Al regreso vuelve a la aldea la calma, la paz, la inmovilidad.

En el curso de la lucha de liberación, se asistirá a un desapego singular de esas prácticas. Frente al paredón, con el cuchillo en la garganta o, para ser más precisos, con los electrodos en las partes genitales, el colonizado va a verse obligado a dejar de narrarse historias.

Después de pazos de irrealismo, después de haberse revolcado entre los fantasmas más increibles, el colonizado, empuñando la ametralladora, se enfrenta por fin a las únicas fuerzas que negaban su ser: las del colonialismo. Y el joven colonizado que crece en una atmósfera de hierro y fuego puede burlarse -y no se abstiene de hacerlo- de los antepasados zombis, de los caballos de dos cabezas, de los muertos que resucitan, de los djinns que se aprovechan de un bostezo para penetrar en nuestro cuerpo. El colonizado descubre  lo real y lo transforma en el movimiento de su praxis, en el ejercicio de la violencia, en su proyecto de liberación.

Hemos visto que durante todo el periodo colonial esta violencia, aunque a flor de piel, gira en el vacío. La hemos visto canalizada por las descargas emocionales de la danza o el trance. La hemos visto agotarse en luchas fratricidas. Ahora se plantea el problema de captar esa violencia en camino de reorientarse. Mientras antes se expresaba en los mitos y se ingeniaba en descubrir ocasiones de suicidio colectivo, he aquí que las condiciones nuevas van a permitirle cambiar de orientación.

Franz Fanon

('Los condenados de la Tierra')

__________

(II) Segunda y última parte

(*) El título es nuestro

Acerca de Pierre Vilar, Elena Odena y Stalin

por MarPita
martes, 07 de abril del 2009 a las 11:00
guardado en ,

 En una de las páginas de su Anti-Moa , el señor Reig Tapia se pregunta ingenuamente si la izquierda actual reivindica, por ejemplo, a Stalin, mientras que un sector importante de la derecha sigue reivindicando a Franco{49}. De lo que no hay duda es que una cierta izquierda sigue reivindicando a Fidel Castro; ahí está para demostrarlo el libro de Ignacio Ramonet, Fidel Castro. Biografía a dos voces ; y que no pocos representantes de esa izquierda «caviar» se extasían ante la figura de Ernesto Che Guevara. Sin embargo, Reig Tapia olvida, no sé si ignora, que algunos de sus maestros fueron apologistas hasta el final del líder soviético. Ese fue el caso de Pierre Vilar, un historiador merecidamente célebre por su obra Cataluña en la España moderna . Vilar fue siempre un marxista-leninista convencido, que consideraba como elementos esenciales de su proyecto político «el análisis de los lugares de acumulación y la crítica a la democracia formal ». El 17 de diciembre de 1984 intervino en la presentación de las Obras Completas de Stalin, valorando, sobre todo, su labor como teórico de la cuestión nacional. Para Vilar, los planteamientos stalinianos equivalían «en el campo del análisis histórico» a «las ecuaciones fundamentales en el campo de la Física». Y añadía: «Si no se tiene presente en todo momento, no se entiende nada ni de la cuestión nacional, ni siquiera de toda la historia del siglo XX, siglo de liberaciones nacionales, de la descolonización». Y es que, siempre según el historiador galo, los planteamientos stalinistas sirvieron, además, para establecer «un nuevo tipo de relación entre pueblos y poderes revolucionarios, y asegurando un nivel de desarrollo completamente distinto del que los imperialismos burgueses permitían a los territorios de sus colonias». «Si las cosas fueron así, es el pensamiento de Stalin, en este dominio el que lo permitió». Su valoración positiva se extendía al campo de la economía. Su libro Los problemas económicos del socialismo en la URSS era, para Vilar, una «obra fundamental», donde el dirigente soviético «aconsejaba la educación política y dibujaba un porvenir donde todos los hombres podrían tener numerosas posibilidades, cambiar de oficio para disfrutar de varios tipos de trabajo y volver, con más tiempo, liberados por la técnica, a hacer del trabajo un gusto como lo anunciaba Marx». Idílico. En marzo de 1987, Vilar publicó una introducción a los Escritos políticos de Elena Odena, fundadora y dirigente del PCE (m-l), figura en la que veía no sólo «una personalidad excepcional», sino la personificación de «la vida». Y destacaba su fidelidad «a los tres pensadores, a los tres creadores revolucionarios, Marx, que previó la revolución, Lenin que hizo la revolución, Stalin que construyó la revolución y la salvó, ganando la guerra contra los fascismos». Y concluía: «Desde hace treinta años, la burguesía internacional, a través de los grandes medios de comunicación, pretende establecer que la contradicción fundamental de las sociedades no se sitúa entre las clases explotadoras y clases explotadas, sino entre «democracia» (por muy formales que sean) y «totalitarismo» (como si todas las dictaduras fueran iguales). Elena Odena se negó a asimilar Stalin con Hitler y Enver Hoxha con Pinochet. Para ella, por supuesto, esto era una certidumbre política ». No resulta extraño que Vilar se mostrara nostálgico de la España revolucionaria de los años treinta, a la que consideraba con «un nivel de modernidad» superior a Francia; y que diera su apoyo a la autodeterminación de las Vascongadas y de los «Países Catalanes»{50}.

¿Revisionismo histórico en España?

Pedro Carlos González Cuevas

Tomado de: El Catoblepas; ISSN 1579-3974

__________

Un texto de muchos nombres propios y poca sustancia. Y la poca, ciertamente reaccionaria.

 

 

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