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Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -4- (*)

por MarPita
martes, 03 de noviembre del 2009 a las 16:19

4º. Camino del Cuartel

-¡Ah, Silja! Ven con nosotros al pueblo para que hablemos un poco de tus amigos -vociferó Santala con voz chillona.

-No hay inconveniente, si mi ama lo permite. Tengo conocidos entre los blancos.

-Nada de bromas, bien sabes quienes son tus amigos, pues los has llevado a casa de Rinne.

Los soldados acabaron por cansarse de aquella guerra verbal. Se habían dado cuenta de que en el celo de Santala había algo equívoco, y que el asunto no se presentaba nada claro. Así, pues, ordenaron a Silja y a Kierikka que los siguieran. El último enganchó su caballo, y la moza y un soldado se sentaron a su lado en el trineo. Santala guiaba el suyo, en el que subió el otro soldado.

-Si te encontraras con los dos señores que acompañaste, ¡valiente chasco que se llevaría Santala! -gritó el ama mientras el vehículo se alejaba.

Cállese! -dijo uno de los soldados a la mujer, quien se apresuró a entrar en su casa.

Por el camino, el soldado que iba junto a él le habló a Kierikka de la siguiente manera:

-¿Sabe en donde se encuentra ese Teliniemi?

Era algo raro escuchar a un soldado llegado de lugares tan lejanos informarse de aquella manera de un aparcero pobre al que jamás había visto.

-No sé nada; se habrá marchado con los otros.

Lucía un sol espléndido; el día era hermoso y cálido. La nieve se derretía con gran facilidad. Según avanzaban el sendero se hallaba en peor estado. No tardaron en ver unas carretas. A cada rato se cruzaban con patrullas de soldados y guardias blancos, a los que Santala preguntaba:

-¿Habéis descubierto rojos? Nosotros los hemos encontrado de color de rosa.

*

Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

(4) La división en capítulos también es nuestra

Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -3- (*)

por MarPita
lunes, 02 de noviembre del 2009 a las 16:09

3º. El turbio Santanla

Santala debía de haber tenido relaciones íntimas con Kurkela, pues trabajaba con ahinco por poner en claro su asesinato. Había oído decir que era probable que Silja acompañara a los asesinos, habladuría tanto más tonta cuando todo el mundo sabía que quien los acompañó fue Teliniemi, y este, siendo del país, no necesitaba guías. Santala llegó a Kierikka reclamando a Silja con una voz de mando que había adoptado por esos días.

-¿Qué quieres de ella? -preguntó el dueño de Kierikka.

-Quisiera saber por qué ha acompañado a los asesinos de Kurkela -dijo Santala.

-No es cierto que les haya acompañado -contestó bruscamente el de Kierikka, el cual, aunque no era rico, pertenecía a una familia respetable y se acordaba de ello y parecía manifestarlo en la voz cuando se dirigía a Santala.

-Se sabe lo que se sabe -habló Santala con gesto suficiente y levantando los ojos-. Estaba en casa de Rennie aquella noche.

-Es verdad y estuvo a punto de ser encerrada por haber acompañado a dos soldados blancos.

-Quería llevarlos a casa de Rennie para que los asesinaran. ¿Crees que no se sabe a dónde les dijiste tú que les llevaran? Y diste además una vaca al Estado Mayor para que protegieran tu granja..., no, un cerdo.

Kierikka hizo entonces groseras alusiones al pasado de Santala, y su mujer continuó en el mismo tono, dirigiéndose a los soldados.

-Os daría vergüenza ir con este individuo si supieráis quién es; pero, claro, como no sois de aquí... Son cosas demasiado turbias para ensuciarme la boca contándolas... Demasiado conocemos todos a este tunante...

-Ciera el pico, arpía, pues de lo contrario te meto una bala en la cabeza -gritó Santala un tanto desconcertado.

-No de tu fusil en todo caso -se le enfrentó la mujer, que se puso a enumerar todas las maldades de Santala.

Pero la llegada de Silja cortó en seco aquel torrente de palabras.

*

Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

(3) La división en capítulos también es nuestra

Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -2- (*)

por MarPita
domingo, 01 de noviembre del 2009 a las 16:24

2º. Con brazalete y fusil

Más tarde Silja tuvo una aventura que le recordó algo aquella otra de hacía siete semanas, cuando guió a dos desconocidos. El pueblo no permaneció por mucho tiempo en aquel estado angustioso de paz durante el cual no se oyeron disparos ni visto fusiles. Las avanzadas blancas llegaron pronto al hogar de Rinnie, donde acudieron sin tardanza los propietarios más importantes, para explicar la situación en la que se hallaban y quejarse de las requisas rojas y de paso delatar a los líderes de la comarca, señalar sus domicilios y, si lo sabían, apuntar con el dedo el sitio donde se ocultaban. Sin embargo los soldados no prestaban atención a las quejas solo querían saber de los asesinatos cometidos por los rojos. Si se les señalaba a una mujer como peligrosa agitadora, acudían los soldados a buscarla. La esposa de Rennie, que huyó con su hombre, fue detenida cuando volvió a su casa.

En cuanto se comentó la muerte de Kurkela, alguien declaró que Teliniemi había acompañado a los asesinos. También hablaban de una tal Silja, que era una criada en Kierikka, como probable guía, pues había pasado la noche en el Estado Mayor, de donde salió por la mañana temprano con un rojo notable. De modo que, inmediatamente, se llevó a cabo un registro en la casa de Teliniemi, y esos mismos se fueron luego a Kierikka, donde ya habia algunos blancos.

Muchos campesinos que durante la revuelta obrera habían estado pacíficos e incluso habían invitado a los jefes rojos, se transformaron, de improviso, en fervorosos y decididos 'saneadores' de la tierra.

Provistos de un brazalete y con fusil al hombro, iban en grupos de dos o tres, o en compañía de los soldados, para inspeccionar las aparcerías y las granjas. Así fue como Santala, el propietario de la granja hacia donde se había dirigido Silja y Manta cuando partieron de Siiveri, se ocupó con ardor de limpiar la vecindad, pese a sus turbios antecedentes judiciales, con dos soldados de cara cetrina.

_____

Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')

(*) El título se lo hemos puesto nosotros

(2) La división en capítulos también es nuestra

Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -1- (*)

por MarPita
sábado, 31 de octubre del 2009 a las 20:47

Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -1- (*)

1º. Teliniemi (1)

Al atardecer de un día, cuando no hacía mucho que un grupo de rojos había pasado por la granja a pedir un caballo, esa misma tarde que Kierika sacó la conclusión de que los asuntos no iban bien para los rebeldes, Silja se hallaba en un prado que estaba al norte de la granja. Movida por el instinto se fue por el camino adelante. Y al poco oyó unos pasos y a continuación vio a un hombre en el recodo de la carretera. La chica se detuvo para después reanundar su camino algunos metros.

-¿Eres Silja? -preguntó una voz que le pareció conocida. Un hombre se acercaba hacia ella deprisa y acezando.

-El frente se ha roto... Los rojos huyen... Los blancos no dan cuartel. No puedo marcharme, porque todo anda mal en mi casa... Cuando pasen los primeros momentos podré, espero, salvar mi vida... Necesito mientras tanto ocultarme por un tiempo cerca de mi casa... Si me encuentran estoy perdido, pues yo fui quien acompañó a los que mataron a Kurkela. Yo no intervine en ello, tu eres testigo... pues me viste volver... Escucha, Silja, voy a esconderme en el henil de Kierikka... avisa a mi mujer que me lleve a escondidas pan y leche... ¿Lo harás?... Si salgo vivo de aquí me acordaré de ti toda mi vida. Ahora, vete. Podrán notar tu ausencia...

Muy asustado Teliniemi, antes tan jovial, se fue mirando a todas partes.

Después de aquella noche en la cual los rojos huyeron, pasó todo un día en que no hubo en el pueblo ni rojos ni blancos. Y los habitantes del pueblo tuvieron más miedo. Nadie osaba salir de casa. Aunque se vio a la viuda de Kurkela ir en un vehículo a la aldea, vestida de negro, toda de negro, y con una mirada de odio contenido en el rostro. 'Deseo ver a los blancos inmediatamente para narrarles el asesinato y todas las tropelías de los rojos'. El ama de Kierikka la vio pasar y experimentó una vaga sensación repulsiva por aquella hembra que parecía de otra clase que ella.

Silja observó también el paso de la propietaria de Kurkela; y sin decir nada a nadie fue a llevar el recado a la mujer de Teliniemi. En la cabaña estaba todo muy mal, tal y como había dicho el marido. Emma se encontraba en visperas de parir y uno de sus vástagos tenía tos ferina; dio las gracias a Silja por el favor que le había hecho.

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(*) El título es nuestro

(1) La división en capítulos también es nuestra

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(Tomado de la novela 'Silja' de Frans Eemil Sillampää, Premio Nobel de Finlandia

Francisco Arteaga: En Totogalpa

por MarPita
viernes, 30 de octubre del 2009 a las 12:02

Francisco Arteaga: En Totogalpa

*

Cuando cae la noche en Totogalpa

parece que se despide el último tornasol

y los grillos

anuncian la noche.

Sentada, taciturna

la Juana comienza su descanso.

Cuando cae la noche

los pájaros buscan sus nidos,

las nubes despejan el cielo

y dejan que las estrellas brillen.

Cuando cae la noche

la luz artificial alumbra la calle

y en las montañas oscuras parece que descansa el viento.

Cuando cae la noche

mis ojos empiezan a dormir.

/

Taller de Poesía de Ocotal

/

Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Años IV. Número 10, enero de 1984.

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:

Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

Edgar Lee Masters: Hare Drummer

por MarPita
miércoles, 28 de octubre del 2009 a las 15:26

Edgar Lee Masters: HARE DRUMMER

*

¿Van todavía los muchachos y las muchachas donde Siever

a beber sidra, a la salida de la escuela, a fines de septiembre?

¿O a recoger avellanas entre los matorrales

en la finca de Aaron Hatfield cuando empiezan las heladas?

Muchas veces con las muchachas llenas de risas y los muchachos

yo jugaba en el camino y en las colinas

cuando el sol declinaba y el aire era fresco

parándonos para apalear los nogales

que se alzaban sin hojas contra el oeste en llamas.

Ahora, el olor del humo del otoño,

y las bellotas que caen,

y los ecos en los valles,

me traen sueños de vida, revolotean en torno mío,

me preguntan:

¿Dónde están tus camaradas que reían?

¿Cuántos están conmigo, cuántos

en las huertas de antes en el camino de la finca de Siever

y en los bosques a la orilla

del agua mansa?

/

Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal

 

(De 'Poesía Libre. Año IV, nº 10, enero de 1984. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua)

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:

Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

Jagua Nana y El fuego de los orígenes

por MarPita
jueves, 22 de octubre del 2009 a las 15:36

Ya sabemos que la realidad es cambiante. Así, lo que en un tiempo fue vanguardia del progreso y de la civilización mundiales, antaño, allende el tiempo, allende los tiempos, más tarde la encontramos en la Historia como el culo, valga la palabra, del mundo mundial.

De África sabemos que fue, antaño, allende el tiempo, allende los tiempos cuna de la Humanidad. Mas luego, por muy diversas causas, como la trata de esclavos, por ejemplo, ha venido a resultar emporio de hambrunas, cobijo de desplazamientos, hogar de exiliados, terreno de emigraciones, huidos en masa, dictaduras militares, matanzas, guerras étnicas y otras desgracias.

Para entender a nuestra madre África nos metimos, hace años, en historias, poesías, novelas, ensayos...

De entre la literatura que llegó hasta nuestras manos destacamos aquí, hoy, dos novelas: a) El Fuego de los orígenes de Emmanuel Dongala o Dongola; y Jagua Nana de Cyprian Ekwensi. Congolés y nigeriano. Respectivamente.

De hechuras muy distintas, ambas nos pueden acercar, mínimamente, aunque solo sea, a esa realidad, que se define como cambiante, de África negra.

El escritor congolés, Emmanuel Dongala, ha querido dejarnos toda la marcha de la Historia, de la Historia de África, desde la irrupción del colonialismo hasta nuestros día, en un relato casi épico cuyo personaje es Mankunku, nacido en una aldea, personaje que se va agrandando con el paso de los invasores.

En realidad es el despuntar o despertar de todo un pueblo africano que con las armas proporcionadas por la civilización blanca unidas a las que ya poseía la cultura autóctona camina hacia la independencia.

La otra novela es un relato urbano. De Lagos. Capital de Nigeria. Narra la vida de Jagua Nana: una prostituta, una ramera, una puta. Y nos muestra un local nocturno: El Tropicana. Junto a esta dama están chulos, vividores. Jóvenes ambiciosos, otras zorras, políticos corruptos... Y barrios miserables y barrios elegantes de la gran ciudad que es Lagos.

También, por qué no, el comercio, el África tradicional, tribal, agrícola. Sus jefes o caciques.

Pero sobre todo es la urbe la que sobresale. El lugar donde hoy se debate el futuro de África. Sin lugar a dudas.

Con estas dos obras podemos darnos cuenta de la inmensidad de un continente. De sus problemas, de sus conflictos.

Pero no debemos quedarnos ahí, en eso solo. Porque esas obras fueron escritas ya hace años. Y, como decíamos al principio, la realidad, la vida, cambia. Es muy probable que la sociedad haya cambiado lo mismo que la mentalidad de sus habitantes. El paso de los tiempos, de la Historia, enfrenta al hombre con nuevos retos. Y los africanos no son inmunes a esa variación del entorno.

27 de Septiembre de 1975 y la solidaridad portuguesa

por MarPita
viernes, 25 de septiembre del 2009 a las 22:22

El 27 de septiembre se cumplen 34 años de los últimos asesinatos del franquismo. Fue de madrugada. Ante pelotones de ejecución compuestos por guardias civiles y policías voluntarios murieron asesinados 5 jóvenes militantes antifascistas.

En Hoyo de Manzanares (Madrid), los militantes del PCE (m-l) y del FRAP: Xosé Humberto Baena, José Luís Sánchez-Bravo y Ramón García Sanz. En Cerdanyola del Vallès (Barcelona), el militante de ETA: Juan Paredes "Txiki". Y en el Penal de Villalón (Burgos), el también militante de ETA: Ángel Otaegui.

Como se ve, tres de ellos eran del FRAP. Organización que tuvo pocos años de vida. Pero intensa. Por lo que su ejemplo ha permanecido. Y hoy es el día que numerosos jóvenes, de entre los más avanzados, aunque pocos aún, se sienten atraidos por su estela revolucionaria.

El FRAP cuyas siglas responden a Frente Revolucionario Antifascista y Patriota fue un intento de unir a las fuerzas verdaderamente antifranquistas en pos de una república popular y federativa. Un frente unido sin concesiones al franquismo. Por eso, los que llevaban haciendole la cama a esta monarquía, heredera del franquismo, PCE, PSOE y varios franquistas variopintos, no podían consentir que la ruptura democrática que proponía el FRAP prosperase. Odiaban su política porque les estropeaba sus largas y laboriosas maniobras antipopulares. Esta animadversión, este odio, se puede constatar en dos hechos, ciertos: el títular de la revista muy leída, entonces, 'Cambio 16' que rezaba, '¡Guerra al FRAP!' y que los órganos dirigentes del PCE dieron órdenes a sus abogados militantes para que no defendieran, ante los tribunales franquistas, a los detenidos del FRAP. Esto ha quedado ya en los anales de la infamia para brillo y honra de, por ejemplo, Carrillo (Santiago Carrillo Solares) y sus seguidores.

Pero ante las condenas a muerte de estos 5 héroes los revolucionarios y pueblos del mundo, y de dentro de España, respondieron con numerosas protestas.

Recordamos aquella noche, víspera de los asesinatos del 27 de septiembre, como el pueblo portugués se solidarizó y en Lisboa se acercaron manifestantes a la embajada franquista y la asaltaron indignados con la dictadura del felón del Pardo. Poco después llegó la policía portuguesa y el mundo entero se sorprendió gratamente (los asaltadores más) cuando los policías se quedaron con los brazos cruzados sin intervenir. Mandaba esas tropas Otelo Saraiva del Carvalo que, luego, el poder capitalista lo premiaría encarcelándolo por sus simpatías hacia los revolucionarios.

Otelo, un jefe de la Revolución de los Claveles, y su pueblo, quedarán prendidos en la memoria del pueblo español. Nunca olvidaremos la solidaridad y fraternidad del pueblo hermano de Portugal. Y acordándonos de esa revolución, de sus otelos y de los 5 asesinados el 27 de septiembre de 1975 cantaremos el 'Grandola vila morena' sin olvidarnos de su cantante José Afonso:

'Grandola, vila morena / terra da fraternidade / povo e quem mais ordena / dentro de ti o cidade. /Dentro de ti o cidade / povo e quem mais ordena / terra da fraternidade / Grandola, vila morena. / Em cada esquina un amigo em cada rosto igualdade / Grandola, vila morena / terra da fraternidade.

Grandola, vila morena / em cada rosto igualdade / povo e quem mais ordena dentro de ti o cidade. / A sombra duma azinheira / que ja nao sabia a idade juei ter por companheira / Grandola, vila morena / Grandola a tua vontade juei ter por companheira / a sombra duma azinheira / que ja nao sabia a idade'.

 

 

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