Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -4- (*)
4º. Camino del Cuartel
-¡Ah, Silja! Ven con nosotros al pueblo para que hablemos un poco de tus amigos -vociferó Santala con voz chillona.
-No hay inconveniente, si mi ama lo permite. Tengo conocidos entre los blancos.
-Nada de bromas, bien sabes quienes son tus amigos, pues los has llevado a casa de Rinne.
Los soldados acabaron por cansarse de aquella guerra verbal. Se habían dado cuenta de que en el celo de Santala había algo equívoco, y que el asunto no se presentaba nada claro. Así, pues, ordenaron a Silja y a Kierikka que los siguieran. El último enganchó su caballo, y la moza y un soldado se sentaron a su lado en el trineo. Santala guiaba el suyo, en el que subió el otro soldado.
-Si te encontraras con los dos señores que acompañaste, ¡valiente chasco que se llevaría Santala! -gritó el ama mientras el vehículo se alejaba.
-¡Cállese! -dijo uno de los soldados a la mujer, quien se apresuró a entrar en su casa.
Por el camino, el soldado que iba junto a él le habló a Kierikka de la siguiente manera:
-¿Sabe en donde se encuentra ese Teliniemi?
Era algo raro escuchar a un soldado llegado de lugares tan lejanos informarse de aquella manera de un aparcero pobre al que jamás había visto.
-No sé nada; se habrá marchado con los otros.
Lucía un sol espléndido; el día era hermoso y cálido. La nieve se derretía con gran facilidad. Según avanzaban el sendero se hallaba en peor estado. No tardaron en ver unas carretas. A cada rato se cruzaban con patrullas de soldados y guardias blancos, a los que Santala preguntaba:
-¿Habéis descubierto rojos? Nosotros los hemos encontrado de color de rosa.
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Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')
(*) El título se lo hemos puesto nosotros
(4) La división en capítulos también es nuestra



