Frans Eemil Sillampää: Un corte limpio en la yugular -3- (*)
3º. El turbio Santanla
Santala debía de haber tenido relaciones íntimas con Kurkela, pues trabajaba con ahinco por poner en claro su asesinato. Había oído decir que era probable que Silja acompañara a los asesinos, habladuría tanto más tonta cuando todo el mundo sabía que quien los acompañó fue Teliniemi, y este, siendo del país, no necesitaba guías. Santala llegó a Kierikka reclamando a Silja con una voz de mando que había adoptado por esos días.
-¿Qué quieres de ella? -preguntó el dueño de Kierikka.
-Quisiera saber por qué ha acompañado a los asesinos de Kurkela -dijo Santala.
-No es cierto que les haya acompañado -contestó bruscamente el de Kierikka, el cual, aunque no era rico, pertenecía a una familia respetable y se acordaba de ello y parecía manifestarlo en la voz cuando se dirigía a Santala.
-Se sabe lo que se sabe -habló Santala con gesto suficiente y levantando los ojos-. Estaba en casa de Rennie aquella noche.
-Es verdad y estuvo a punto de ser encerrada por haber acompañado a dos soldados blancos.
-Quería llevarlos a casa de Rennie para que los asesinaran. ¿Crees que no se sabe a dónde les dijiste tú que les llevaran? Y diste además una vaca al Estado Mayor para que protegieran tu granja..., no, un cerdo.
Kierikka hizo entonces groseras alusiones al pasado de Santala, y su mujer continuó en el mismo tono, dirigiéndose a los soldados.
-Os daría vergüenza ir con este individuo si supieráis quién es; pero, claro, como no sois de aquí... Son cosas demasiado turbias para ensuciarme la boca contándolas... Demasiado conocemos todos a este tunante...
-Ciera el pico, arpía, pues de lo contrario te meto una bala en la cabeza -gritó Santala un tanto desconcertado.
-No de tu fusil en todo caso -se le enfrentó la mujer, que se puso a enumerar todas las maldades de Santala.
Pero la llegada de Silja cortó en seco aquel torrente de palabras.
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Tomado de la novela de Frans Eemil Sillampää, 'Silja')
(*) El título se lo hemos puesto nosotros
(3) La división en capítulos también es nuestra



