Iswe Letu: Parecía fina porcelana
Parecía fina porcelana en blanco y negro.
y ningún otro sentido que sus ojos la amó.
Fue en aquel verano que llegó viniendo desde el mar
como aurora marina en su noche adolescente
que no otra cosa fue la luz
que emanó de sus profundos ojos negros.
Luego, si, conoció su esbelto talle
y la piel blanca y suave de sus brazos.
Talle a la manera de una mujer-sirena.
Y brazos suavizados por las olas
al modo de las hembras-coral
nacidas entre los arrecifes de la costa.
Después conoció la blancura de sus dientes
cuando los labios, rojos como la aurora,
se abrían para ofrecerle su risa como un ósculo.
Todo ello le permitió a sus ojos
embriagarse con las formas puras
como un bebé lo hace con la leche de los senos
henchidos del líquido maternal toda la noche.
Púdica fue la moza de los ojos negros
y púdicos los amores que en él derramó.
Así pasaron días y así se fueron meses del estío
hasta que, un día de principios de otoño,
un día aciago, retornó a su lugar natal.
A aquella ciudad junto a su mar.
Recuerda que escribió versos amargos:
'todo surge de la nada,
todo nace absurdamente';
versos que dejaría escritos en su alma para siempre.
Ella se le fue dejando por rastro el desconsuelo con su ausencia.
Se le fue como se marcha un espejismo
al parecer evaporando los sueños, la vida,
en un alrededor vacío por tanto de presencias:
tan solo queda seca arena en su lugar
escurriéndose entre los dedos al cogerla.
Pareció fina porcelana en blanco y negro
y, sin apenas haberla tocado, se escacharró.
___
Con los ojos abiertos a su juventud
la percibió congelada en su tersura.
Llegó. Y fue como una aurora de alegría
en aquel verano con sus ojos negros.
La amó sin declarárselo siquiera
y ella le correspondió con sus miradas.
Se reconocieron solo por los hechos
pues los labios apenas se entreabrieron
para ver el volcán que ardía sus entrañas.
Ambos se embriagaron con la luz del otro.
Los ojos se decían mil canciones de amor.
Las manos trazaban en la piel mensajes
pues la lengua trabada en la emoción
se negó a pronunciar ningún vocablo.
Como los niños con la leche del seno
se llenaban por la noche de recuerdos.
Púdico, púdico y puro, fue su amor,
definirlo de otro modo no se puede.
Mas un día del otoño se la llevaron
sus padres de retorno a su hogar.
'Todo nace de la nada', recitose;
'todco brota absurdamente', proclamose
con amargura en su noble corazón.
Él se quedó abandonado en la meseta;
meseta que llenose, con su ausencia,
de llamas incontenibles de tristeza.
Poco a poco se consumió por la pena
ante la huida imprevista de un verano
envuelto en la mirada de sus ojos negros.
Desapareció de allí como espejismo
dejando desconsolada su esperanza.
Supo que su amada jamás volvería
pero quedó un firmamento engastado
con estrellas brotadas de su propia luz
que centellean como piedras preciosas
en los ojos agrandados de su juventud.
*
Iswe Letu sigue el hilo, a su modo, del poema 241 de la antología de Rogelio Martínez Furé 'Poesía Anónima Africana'.




